Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Ay, amigas, qué disgusto tengo. Estoy desconsolada por lo que podía haber pasado aunque no haya pasado, gracias a dios, pero uff… no se me arrima la ropa al cuerpo. Os pongo en contexto.
Tengo un bebé de cuatro meses del que estoy absoluta y completamente enamorada. Desde el día en que me enteré de que estaba embarazada no he parado de disfrutar de cada momento y de cada etapa con él y desde que nació, por más duro que fuera el parto, solo soy capaz de ver todo lo bueno que me da y estoy en una nube. Estoy tan feliz y tan relajada con mi bebé, que a veces, quizá he pecado de poco prudente. Algo muy muy peligroso cuando se trata de bebés, seguramente ya lo sabréis casi todas, pero yo he pecado.
Por un lado, desde pequeña soy una persona complaciente, me cuesta muchísimo contradecir a los demás o decirles que no (con el tiempo he desarrollado una habilidad para decir que no de maneras en las que no digo que no). Por otro lado, mi enamoramiento y sensación de estar en una nube creo que me han anulado la percepción de algunos peligros y siento que todo el mundo es bueno y solo quiere hacer el bien. Con lo cual, se pude decir que me fío de más.
No me enrollo más con mi psicoanálisis y os cuento lo que pasó el otro día. Mis suegros son muy intensos, los dos, pero especialmente mi suegro. Cuando ve a su nieto se vuelve loco, todo el rato le quiere coger, hacerle cucamonas, darle de comer, el biberón (aunque solo toma pecho, él está empeñado en que le dé biberón para poder dárselo él, pero a esto sí me he negado). Bueno, en fin, cosas normales de abuelos, pero con muchíiiiiisima intensidad.
El caso es que el otro día fuimos a casa de mis suegros a comer y a pasar la tarde. Nos lo estábamos pasando pipa, jugando con el peque, que ya ha empezado a darse la vuelta, a sonreír, a coger cosas con las manos y a hacer un montón de cosas muy graciosas. Cuando llegó la hora de la comida nos sentamos a la mesa, cada uno en su silla, menos mi bebé, que estaba encima de mí, mientras yo le daba tetita. Pues mi suegro, como siempre que pasa esto, no paraba de decir: vaya niño más tragón, todo el día comiendo, no para de comer, este niño lo que le pasa es que tiene hambre de comida de verdad, ya está harto de teta, lo que necesita es un chuletón, a ver si empezáis a darle comida en condiciones, no tanta teta tanta teta, va a soltar la teta de su madre para coger la de su novia… Entre otros comentarios. Cada vez que mi hijo está mamando la cantinela es la misma o muy parecida.
Yo ya tenía la cabeza como un bombo. No sé si es que ese día yo estaba más cansada, más susceptible o mi suegro se puso especialmente pesado. La cuestión es que, no sé cómo, empezó a proponer que le diéramos comida, que no pasaba nada, que un trocito de pan, que solo un poquito. Empezó como una broma, pero cada vez iba pintando más en serio. Yo decía que había que esperar, que hasta los seis meses los bebés no estaban preparados y él que venga, que tenía casi cinco, que si había que esperar a las doce de la noche del día que cumpliera los 6, que no había que ser tan papista. No paraba de decir cosas así, burlas, cachondeos. Mi chico empezó a decir que le diéramos el trozo para que se callara su padre y mi suegra lo mismo. Así que, poco a poco, fui perdiendo y fuerzas y cediendo.
En qué hora fui tan floja de no mantenerme en mi posición y mandarle a tomar vientos (por no decir algo más fuerte) y cedí. Mi suegro cogió al bebé, se lo puso en el regazo y le dio el trozo de pan. Os voy a ahorrar todo lo que pasó después, porque no quiero revivirlo ni traumatizar a nadie, solamente os diré que terminamos en urgencias con medio hospital atendiéndonos y hasta vinieron los servicios sociales.
Creo que voy a tardar en superar esto mucho tiempo. Desde luego que ya no me vuelve a pasar algo parecido, he aprendido a defender mi posición y a mi bebé por encima de todo y el mundo de piruleta en el que estaba viviendo se ha derrumbado de golpe. A partir de ahora ni mi suegro ni nadie va a decirme lo que tengo que hacer con mi hijo de ninguna de las maneras. Si los médicos recomiendan algo es porque saben lo que hacen, si son 6 meses son 6, no cuatro. Hacedles caso.
¡Ah, y me he apuntado a un curso de primeros auxilios!
