Hola a todas y todos.
Necesito desahogarme e intentar ponerle nombre a algo que me ocurrió hace años.
Tenía 20 años cuando empecé con él, llamémosle Ramón. Nos conocimos en clase, mientras estudiábamos un grado de Formación Profesional.
Era el típico chico campechano, seguro de sí mismo con el que me llevaba muy bien y nos hicimos buenos compañeros y amigos. Estaba agusto estando con él.
Él tenía pareja, pero solo llevaban 3 meses cuando lo dejaron. Y fue a partir de entonces cuando se me declaró. Yo empecé a ver en él cosas que me gustaban, sobretodo me hacía sentir super especial cuando estaba a su lado. Era muy romántico conmigo, tenía mil detalles…

Yo por aquel entonces, no tenía apenas experiencia en el sexo. Solo había hecho alguna pajilla y poco más. Para mí, tener sexo más allá de eso era algo que me costaba porque tenía miedo, sobretodo a un posible embarazo no deseado. Llevábamos saliendo en serio un mes escaso, cuando me sacó el tema… él quería acostarse conmigo cuanto antes. Yo necesitaba tiempo… pero una noche cedí y nos pusimos manos a la obra. El sexo hasta ese momento con él, estaba bastante bien, aunque yo tenía poca experiencia, pero hacia lo posible por complacerle y el también conmigo.
De aquella noche, recuerdo que me sentía un poco obligada a probar la penetración. Estaba tensa, muchísimo. En lugar de excitación, lo que sentía era miedo. Esa sensación de frío en mi cuerpo mientras le intentaba poner el condón. Cuando me penetró, sentí un dolor horrible y mucho escozor. Yo solo recuerdo que lloraba y que quería que parase para salir corriendo de allí sin mirar atrás. Creo que le dije que parase, no lo recuerdo bien, solo recuerdo que estaba aterrada y paralizada mientras él seguía penetrándome. Una vez que terminó y comprobó que el condón no se rompió, me quedé ahí, con frío en el cuerpo y con ese sentimiento de frustración que me acompañó durante tantos y tantos años.
Después de esa noche, lo intentamos alguna vez más con el mismo resultado. He de decir que yo las veces que lo intenté fue por él, porque yo no quería. Mea culpa. Me hizo sentir que el problema era mío. Que tenía que contárselo a un ginecólogo porque no era normal. Yo busqué información. Probaba ejercicios para vaginismo. Me hicieron pruebas y todo estaba correcto. El problema debía estar en mi cabeza. Ante esa situación, él empezó a hacerme chantaje emocional: si no había penetración, no quería tener relaciones conmigo, incluso llegó a negarme que le besara… haciéndome sentir a mí en todo momento como la única culpable por la situación e intentando forzarme con su actitud.
Mientras pasaba todo esto, discutíamos muchísimo. La imagen de romántico que me mostró al principio se tornó en machista con sus comentarios y su actitud. Me distanció de mis amigas y amigos alegando que pasaba todo el mundo de mi salvo él. Lo intentó también con mi familia. Me dejaba en casa con la excusa de que estaba cansado y salía de fiesta después con sus amigos. Las discusiones, la mayoría de veces por gilipolleces, las llevaba a tal extremo que amenzaba constantemente con dejarme. Yo por aquél entonces, estaba bastante enganchada emocionalmente y aquellas amenazas hacían que llorase y llorase hasta hiperventilar. Solo entonces paraba y “me perdonaba”, como si hubiera hecho yo algo para que me tuviera que perdonar. En una ocasión y por otra discusión del estilo… hizo que me bajara del coche a las afueras de la ciudad (luego vino detrás de mi intentando arreglar las cosas) y otro día me empujó porque estabamos discutiendo y yo queria entrar en su coche para arreglar las cosas y el no queria y para evitarlo me empujó (yo también a él después). Al final dejó que me fuese a casa sola.
Ambos teníamos carácter fuerte aunque la que siempre cedía era yo.
Abrí los ojos cuando empezaron los mareos, los tics nerviosos en los ojos y la caída de mi pelo. Mi médico me diagnosticó ansiedad. Todo generado por esta relación tan tóxica que no supe frenar hasta entonces.
Tardé un par de semanas en dejarle y lo hice por la puerta grande aprovechando una de esas discusiones en las que me quería dejar. Le dije que vale, que por mí perfecto. Él seguía intentando amedrentarme con esa misma amenaza y de pronto… me descojoné en su cara. No podía parar de reír, en serio. Él no daba crédito. Y aunque después él quiso reconquistarme, ya no había nada que hacer. Ante su insistencia, no tuve más remedio que hacerle ghosting… aunque creo que en mi caso, estaba más que justificado.
He de decir que después de él, he tenido más novios con los cuales el tema de la penetración siempre ha sido muy difícil para mí pero poco a poco he ido superándolo (solo necesitaba sentirme segura). Han habido chicos que me ayudaron muchísimo a sentirme segura y quitarme ese miedo, pero cuando algún día costaba.. siempre volvía a aquella fría cama, a revivir ese dolor y ese parálisis, a esas ganas de gritar y salir corriendo… a esa sensación de frustración.
Ojalá algún día cierre ese capítulo para siempre.
Gracias por leerme.