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Me ha pasado algo surrealista.
Tenía reservadas mis vacaciones desde hace meses, todo ya pagado, hotel con todo incluido y sin opción de cancelación. Al poco tiempo, me entero de que unos amigos iban al mismo sitio y en fechas similares. Me proponen que deje el hotel unos días antes y me vaya a su apartamento. La idea no me hacía mucha gracia, precisamente porque ya lo tenía todo pagado, pero me insisten tanto que al final cedo y paso los últimos días con ellos.
Pensaba que, al estar en un apartamento, comeríamos allí, pero propusieron ir a comer y cenar fuera. El primer día bien, pero luego les dije que no contaba con gastar tanto, y que como tenía ya todo pagado en el hotel, prefería cocinar yo para todos si hacía falta. No les hizo mucha gracia, pero aceptaron.
Fuimos a hacer la compra para esos dos días y cogieron bastante alcohol, así que la cuenta subió a más de cien euros. Pensé que pagaríamos a medias, pero no hicieron ni amago, y al final pagué yo.
Al día siguiente me notaron rara, pero no fui capaz de decirles nada. Al volver a casa, me desahogué con otros amigos… y resulta que se lo contaron. Ahora me escriben molestos, diciéndome que “encima que me invitaron a su apartamento, voy por ahí quejándome cuando solo tuve que pagar la comida”.
¿Perdona? ¡Si yo ya tenía todo pagado! Fui porque insistieron, pensando que iba a ser un plan tranquilo y barato. Al final he gastado más dinero y encima he acabado discutiendo. En su cabeza, ellos me hicieron un favor. En la mía, el favor se lo hice yo.
Total, que la mala soy yo. Pues vale.
