El matrimonio de mis padres fue siempre inestable. No tengo demasiados recuerdos de vivencias felices en casa, y lo que he escuchado a mis hermanos y demás familiares, de antes de yo nacer y de mi primera infancia, es que siempre estaban a la gresca.
Mi padre es un hombre de otra generación, con el machismo inculcado de aquella época. Mi madre es, dentro de su edad, una persona muy joven de espíritu y siempre ha sido muy rebelde. Él un comercial de entonces, ligón y más bien controlador. Ella enfermera, con sus turnos, siempre arreglada, siempre extrovertida, moderna y jovial. La pelea estaba servida: los celos de él y los gritos de ella eran el pan nuestro de cada día.
Eran absolutamente diferentes, chocaban en todo, pero se querían, se amaban. Lo mismo estaban a grito vivo que se reían juntos por todo. Cuando estaban bien era maravilloso, su química siempre ha sido brutal, pero cuando estaban mal… eran temibles. Era un amor tóxico. Tanto, que cuando mis hermanos y yo tuvimos cierta edad, nos reunimos con ellos y les pedimos que se separasen, porque aquello era insoportable. Gritos, portazos, insultos mutuos, malas caras… llegó un momento en que siempre estaban mal, y claro, nosotros estábamos en medio.
Con el tiempo se terminaron divorciando, y como no podía ser de otra manera con ellos, no fue nada sencillo. Tuvieron disputas por todas y cada una de las cuestiones que tuvieron que debatir. Abogados, juicios… y nosotros sufriéndolo todo, como siempre. Fue tan agotador que cuando ya por fin cada uno vivía en su casa y se enfrió la cosa, la verdad es que mis hermanos y yo ganamos en calidad de vida. Triste, porque en principio nadie quiere que sus padres se separen, pero cierto.
Por fin mi madre, una persona emocionalmente bastante inestable, conseguía paz de espíritu. Vivíamos con ella, pero ya éramos adolescentes por entonces y pasábamos también mucho tiempo con mi padre. Por separado eran increíbles, la verdad, pero juntos se potenciaban el lado malo de cada uno.
Pasaron los años y han coincidido muchísimas veces. En este tiempo mis hermanos y yo nos hemos casado, hemos tenido hijos, ha habido cumpleaños, navidades… y ellos, bueno, digamos que nunca han sido ajenos al otro. Son como dos chiquillos, se llevan todo el rato lanzándose indirectas, dándose caña y poniéndonos la cabeza como un bombo hablando del otro.
En estos años mi madre ha tenido parejas formales y mi padre ha tenido ligues pero nunca nadie formal que nos haya presentado, lo que me ha hecho pensar siempre que mi padre, sobre todo, seguía enamorado de mi madre.
Pues bien, llevaba unas semanas viendo a mi madre muy risueña y me imaginé que habría conocido a alguien, lo que no podía imaginar es que su nueva ilusión es mi padre tras 24 años divorciados… Parece ser que se han visto, han estado hablando, tonteando…
Se están dando otra oportunidad, y yo, qué queréis que os diga… conociéndolos, esperando la tercera guerra mundial estoy.
Lo normal sería estar feliz, lo sé. Qué mejor que el uno con el otro para estar juntos y acompañados, pero es que no consigo alegrarme porque me parece, sinceramente, una mala decisión y mucho me temo que nos volverá a salpicar a todos… ¿pensáis que soy egoísta?
