Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Somos cinco hermanos en mi familia; dos hermanos, dos hermanas y yo. Mis padres empezaron a tener hijos jóvenes y, de manera más o menos seguida tuvieron cuatro hijos. Cuando ya parecían asentados y estables, aparecí yo; nunca he querido preguntar si fui buscada o no, porque imagino la respuesta. Me llevo quince años con la más pequeña de mis hermanos.
Está claro que mi vida ha sido diferente a la de mis hermanos. No me quejo: mis padres me han dado todo el amor del mundo y me han criado lo mejor que han podido. Pero no sé si por las circunstancias o simplemente porque yo soy diferente, no he seguido el camino tan recto que siguieron mis hermanos: una carrera, buscar trabajo, irse de casa, comprarse una casa. En mi caso, empecé intentando un módulo, trabajos a jornada parcial y acabé intentando sacarme una carrera en una universidad privada siendo ya más mayor de lo previsto.
Mis padres nunca me han puesto ni una pega y me han apoyado en todo. Han pagado la universidad privada, me compraron un coche para que pudiera moverme por la ciudad, hemos realizado viajes impresionantes los tres juntos y se han encargado de que nunca me faltara de nada.
La búsqueda de trabajo se me complicó; mi perfil no es el mejor y siempre parece que estamos en alguna crisis. Al menos en el amor he tenido suerte y conocí a un hombre estupendo con el que me casé hace un año, momento en el que dejé de ser una carga para mis padres para pasar a ser una carga para él.
Todos sabían que estamos deseando tener hijos, pero viviendo en una casa de alquiler pequeña no parece el mejor sitio.
Mis padres no son ricos, pero han ido ahorrando toda su vida y haciendo inversiones. Se compraron un piso en la playa que utilizamos todos los hermanos. Y además, otro piso para alquilar. Cuando vieron mi situación, me ofrecieron ese piso. Al principio pensé que de manera temporal, pero dijeron que no, que me lo regalaban. Mis hermanos se enfadaron muchísimo; dijeron que era su herencia, que cómo podían hacer eso, que ellos también necesitaban ayuda.
Después de mucho dudar, al final acepté y el piso ya está a mi nombre (por supuesto, tendré que pagar todos los impuestos que me correspondan).
El siguiente problema es que no me gusta el piso. Para empezar, la ubicación (no es el barrio donde quiero criar a mis futuros hijos), ni la distribución, ni la finca ni nada. Lo bueno es que la zona se ha revalorizado mucho desde que lo compraron mis padres y lo podría vender por un buen dinero. Con ese dinero buscaría un piso en otra zona que me guste más.
Se lo he planteado a mis padres y me han dicho que haga lo que yo considere. Que, evidentemente, les haría ilusión que viviera en ese piso porque no está lejos de ellos pero que lo entienden. Cuando le dijeron a mis hermanos que me regalaban el piso, ya la montaron; pero además me miraron y me dijeron que ya podía vivir en esa casa y, además, que yo me debería encargar de mis padres: por suerte están bien de salud ahora, pero todos sabemos que los años acabarán pasando factura.
Estoy dudando muchísimo. Pero tengo claro lo que quiero. Y total mis hermanos ya están enfadados conmigo, por lo que creo que ya me da igual que se enfaden más.
Quiero vender el piso, comprar otro y empezar mi nueva vida.
