Al principio pensé que seriá guay salir con un chico que tuviera bares y restaurantes para comer y tomarla por la patilla, pero se ha dado la vuelta la tortilla.
Nos conocimos en la uni, estamos acabando magisterio, educación física, la salida está un poco clara por ambas partes desde el principio, buscarnos la vida en gimnasios y opositar como locos. Por mi parte es lo que voy a hacer, seguir currando donde y como puedA pero conseguir mi plaza, por la suya, cada vez lo veo más complicado.
Sus padres no valoran el mérito que tiene estudiar esta carrera y trabajar en el negocio familiar cada vez que se lo piden, están deseando que tengamos vacaciones o que no haya clases, para pedirle que haga más horas, que se las pagan si, y nos viene de perlas, pero ya están empezando a soltar que en cuanto acabe se jubilan y le dejan al mando a su hermana y a él, que menos mal que saben que pueden confiar en él para los negocios y cosas parecidas.

Él se ríe y asiente y luego cuando lo hablamos lo tiene claro, va a apostar por su carrera de profesor aunque tenga que currar en el bar lo que haga falta, pero veo que eso no le hace feliz, se agobia cuando le toca hacer días enteros y como lo conozco, sé que tampoco es capaz de decirle a los padres que eso no es lo suyo y que no vuelve, porque como su hermana es tan feliz allí metida, pues se da por hecho que él también.
De momento yo no me he metido dentro de esa barra nunca y no lo quiero hacer porque ya sería dar el paso a quedarnos los dos para siempre ahí dentro, me niego. Se supone que soy su novia y debo apoyarlo pero en lo que quiera hacer de verdad, no en lo que sus padres quieran que haga, que suerte tengo con los míos.