A pesar de que el título lo de a entender, estas no son las instrucciones que os indicaran como cruzar la frontera de quedar y follar, a quedar, follar y cogerse de las manitas (porque seamos sinceros, las relaciones al principio no son nada más que eso). De hecho, no os recomiendo intentar convertir a vuestro/a follamigo/a en vuestra pareja. ¿Por qué? Porque quedaros pillados de una persona con los sentimientos en los genitales es una de las peores experiencias que podéis tener, y en la mayoría de los casos podéis dar por hecho que no sois los únicos dentro de esa relación.
Mi anécdota, la cual os voy a contar ahora, es sin más curiosa. Protagonizada por una gilipollas enamorada (yo), el “follamigo” en cuestión y una tercera persona que me hace revolver las tripas cada vez que oigo hablar de ella.
El primer fin de semana
Imagínate que, por el motivo que sea, te encuentras tumbada al lado de esa persona después de un polvazo de la hostia. Bueno, bajemos un poco de la nube y digamos que fue un kiki normalillo. Y ahora seamos realistas y confesemos que acabas de ser penetrada por primera vez y estas confundida y decepcionada porque el sexo no es como te lo pintaba PornHub. Pues justo ahí es donde estaba yo hace un año. Recién desvirgada, tumbada boca arriba en una cama ajena y pensando que iba a estar destinada a ser una estrella de mar durante el resto de mi vida. Perdida en mis pensamientos de auto culpabilidad no me di cuenta como la persona en cuestión (llamémosle Pepe) se giró hacia mi echándome el brazo por encima y apoyando su cabeza en mi teta (se ve que mis pechos son cómodos). Mi cara ante tal gesto de cariño era de póker (por dentro estaba flipando en colores). Que nuestros cuerpos sudados estuvieran entrelazados de esa forma tan poco sexual, a pesar de estar usando mi teta como almohada, me pilló por sorpresa. Tantos nudes y textos calientes por Whatsapp me habían tapado la vista hacia esta faceta cariñosa de Pepe. Cuando accedí a pasar el fin de semana en su casa (sí, ahí a palo seco) me imaginé que nuestro encuentro sexual se iba limitar solamente a eso: a ser sexual. Pero ya la tarde antes de perder mi tan bien guardada virginidad, me preparó unas cuantas sorpresas agradables. Decidimos salir de fiesta por un famoso barrio de Barcelona para romper el hielo (eso si, habiéndonos liado antes de lo lindo en su casa). No nos separamos el uno del otro en toda la noche. Y ya en el bus de vuelta hacía su casa, yo con la cabeza apoyada en su regazo mientras me miraba sonriendo y yo le acariciaba el cabello, fue cuando me di cuenta que ese iba a ser un momento que no olvidaría en mucho tiempo. Sin embargo, traté de restarle importancia. Me decía a mí misma que ambos habíamos dejado llevar nuestros sentimientos por el alcohol que habíamos consumido esa misma noche. No me veía yo venir que esos dos días iban a estar plagados de recuerdos y sensaciones nuevas como las del autobús que me rondarían por la cabeza durante varias semanas.
En nosotros empezó a florecer algo que poco a poco iba fortaleciéndose más. Entre semana esperábamos ansiosos la llegada del viernes para reencontrarnos, y por fin juntos deseábamos poder parar el tiempo para no tener que separarnos de nuevo. Poco a poco me fui aferrando más a él. Y pensé que al revés fue igual. Pero entonces…
…llegó agosto.
Y me fui de viaje con mis padres por tres semanas. Al principio todo perfecto, pero cuando las palabras de Pepe se fueron escaseando, las dudas y teorías iban creciendo dentro de mí. Y es que había otra chica (llamémosla Blat). Pepe nunca había visto en persona a Blat porque vivía demasiado lejos. Sin embargo, llevaban hablando mucho tiempo, y se había creado cierto vínculo entre ellos. Yo creí a Pepe cuando me dijo que entre ellos no había nada (yo sabía perfectamente que anteriormente habían mantenido conversaciones calientes por Whatsapp ya que él me lo confesó), pero empecé a dudar de su palabra.
Como la stalker nº1 que soy busqué todo lo buscable de Blat por las redes sociales. Y encontré una cuenta de Instagram. La chica parecía ser famosilla, unos dos mil y pico de seguidores. En las fotos se apreciaba que es muy mona, delgadita, y por sus descripciones pude deducir que estudia una carrera con la que yo llevo soñando desde hace años, pero la cual me es inalcanzable. En resumen, es todo lo que a mí me gustaría ser (si, así de segura era/soy de mi misma). Pero no fue eso lo que más me dolió. La estacada me la llevé al ver los comentarios que Pepe le dejaba a Blat en las fotos. Cosas muy ñoñas, muy empalagosas. Pero ver aquello quebró algo dentro de mí. Mis peores pensamientos se habían confirmado: Pepe había retomado en contacto con Blat. Desesperada busqué el consejo de una buena amiga. Me dijo que esperara a volver a España para ver en persona como estaba nuestra relación (recuerdo que aún estábamos de rollo/follamigos). Durante esas tres semanas perdí el apetito y con él unos 3 kilos.
De vuelta en España.
Lo primero que hice al volver fue ir a pasar el finde con Pepe. Al principio era incapaz de darle un beso siquiera. Y en general parecíamos habernos enfriado mucho. Esa confianza y dulzura que teníamos al principio había desaparecido. Al igual también lo pillé varias veces hablando con Blat por Whatsapp. Bueno, tampoco es que lo intentara ocultar… Me deprimí tanto que a ratos me encerraba en el baño de Pepe a llorar en silencio.
Tonta de mí no le dije nada. Muchos/as pensaréis que fui estúpida en actuar tal y como os contaré a continuación. Pero debéis comprender que estaba terriblemente pillada. No permitía que se me notara, pero para mis adentros sufría en silencio. Y me engañé a mí misma diciéndome que sería capaz de mantener una relación únicamente sexual. Lo peor es que sabía perfectamente que estaba mintiendo…
Transcurrieron las semanas, agosto pasó de largo al igual que septiembre. Me seguí aferrando a Pepe y al pensamiento de que algún día podríamos recuperar la relación que tuvimos al principio y que de lo nuestro podía salir algo más. Y la verdad es que tenía toda la pinta de que fuera a pasar. Conoció mis amigos, yo conocí a los suyos e incluso a su familia más cercana, compartimos todos los momentos que el tiempo nos daba para disfrutar y hacíamos vida de pareja. Pero ninguno de los dos queríamos dar el paso. Yo por miedo a perderlo, y el por qué estar enamorado de Blat.
Ultimatum.
A principios de octubre hallé mi limite. Había estado muy deprimida y perdí casi 6 kilos. De nuevo busqué la ayuda de un buen amigo, y me aconsejó olvidarme de él. De hecho, me pasó el número de un chico que estaba interesado por mi (habíamos coincidido en alguna fiesta). No sé qué ingenua bombilla debió prenderse en mi cabeza para que me pareciera buena idea olvidarme de Pepe conociendo a otra persona… Pero estaba tan desesperada que cualquier solución me parecía óptima. La idea era hablar cada vez más con este chico, y menos con Pepe. Y conversando con el chico me di cuenta de que teníamos mucho en común. Además, parecía decente, así que tomé la decisión de quedar ese mismo fin de semana con él para tomar un café (si, solo un café).
Poco después, en una de las video llamadas diarias que mantenía con Pepe, este me preguntó qué planes teníamos para ese fin de semana (ya dando por hecho que quedaríamos como siempre). Yo sin más preocupación le dije que ya tenía planes con un chico que estaba conociendo. En ningún momento pensé que a Pepe le iba a afectar eso en ningún sentido. De hecho, había sido él el que siempre iba de “solo somos amigos” y “nos lo contamos todo por respeto” o “no me interesa tener una relación estable”. Pero justo en el instante después de haber pronunciado esa rase él enmudeció. Yo como tampoco sabía que más decir seguía haciendo mis cosas mientras la llamada transcurría en silencio. Al rato me puso una excusa para marcharse y colgó.
Siendo sincera, me asusté bastante. Pensaba que Pepe ya no me iba a hablar más, y tampoco era eso lo que andaba buscando. Al menos como amigo lo quería seguir teniendo. Pero traté no darle más bombo al asunto. El fin de esta acción era olvidarme de Pepe, no obsesionarme más con él. Manteniamos conversaciones monótonas durante unos cuantos días, hasta que me abrió por whatsapp queriendo hacerme una pregunta. A continuación, os dejo un extracto de la conversación:
Pepe: Tengo una pregunta para ti, y si me dices que te la puedo formular, quiero que me seas lo más sincera posible.
Yo: Adelante, intentaré serlo
Pepe: ¿Qué quieres/qué esperas/qué crees/a dónde llegar conmigo? Independientemente de lo que hayamos hablado, tu sincera opinión.
Yo: Siendo totalmente sincera, cuando empezó todo esto creía y esperaba que esta relación que tenemos podría haber llegado a algo más serio. Y equivocadamente pensé que tú también. Pero por lo que me has dado a entender no lo quieres. O no puedes, no se. Perdí la esperanza y las ganas de aferrarme a una ilusión y acepté la verdad. Me he adaptado a ella.
Pepe: ¿Me quieres?
Yo: No puedo decir que te quiero. Pero me gustas mucho. (Meeeeeeeeeeeeeeeeentira, estaba superhipermegapillada, aun que con mucho rencor).
Pepe: Cuando me dijiste lo del chico ese se me cayó el mundo. Me entró pánico a perderte, por que aunque no lo diga, también me gustas bastante. Y ahora mismo estoy en una disputa emocional bastante considerable cómo nunca antes lo había estado, y no sé que hacer. No sé que hacer de verdad. No sé ni si quiera cómo expresarme o llevar esto…
Yo: La verdad Pepe, es que no sé qué decir, estoy muy confusa. Lo último que esperaba es que reaccionarás así. Y en su momento me dijistes que solo querías que seamos amigos, cosa que sinceramente me dolió.
Pepe: Me refería a ser amigos en el caso de que nuestra relación de “folleteo” se acabara o saliera mal. Y al ver que me dijiste lo del tío este, se me ha pasado por la cabeza que te quieres olvidar de mí, que quieres intentar algo con alguien diferente. Y yo no quiero perder esto que tenemos, me siento realmente cómodo y bien.
Yo: ¿Me podrías aclarar entonces que somos? ¿Por que si no somos amigos, ni somos pareja,que somos?
Pepe: No lo sé.
Yo: Eso no es una respuesta
Pepe: Es que no sé que somos a día de hoy; hacemos vida de pareja pero sin estar juntos. Vamos cogidos de la mano, conoces mis amistades, les agradas, tus padres me conocen y los míos te conocen a ti.
Yo: ¿Y eso te supone un problema?
Pepe: Ninguno. Pero lo nuestro una amistad no es
Yo: Me alegro que por fin te hayas dado cuenta. Lo que me decepciona un poco es que tenga que llegar a quedar con otro para que te des cuenta de ello. […]
Ya se que esto ahora mismo puede parecer que le haya dicho a Pepe lo del chico solo para llamar su atención. Y de hecho muchos me lo han echado tal cual en cara. Pero la verdad es que simplemente he sido sincera tal y como el me lo pidió en su momento. Sin embargo, harta de la situación, le puse a Pepe un ultimatum. Estaba harta de ser una incógnita, una posibilidad. Y no quería pasarme la vida esperando a que tomara una decisión; irse con Blat, o quedarse conmigo. Le dí unos días para pensarselo. Finalmente tomó una decisión, y quedó conmigo para decirmelo en persona; decidió convertir nuestra extraña relación en una formal y estable. Yo contenta de la vida como os podéis imaginar. Pero eso si, no volvería a pasar lo mismo.
No todo son rosas y flores. Las películas e historias nos lo pintan todo muy bonito. Pero yo sinceramente pienso que es una de las peores cosas de las que, a nivel emocional, puedes pasar. Y a día de hoy echo la vista atrás y me avergüenzo de mi misma, de haberme valorado tan poco y haberme sometido a una relación que a fin de cuentas era tóxica y me estaba haciendo mucho mal.
Pero ahora en la actualidad…
…llevo viviendo seis meses con Pepe en un pequeño piso cerca de Barcelona y saliendo con el desde hace casi un año. Ya estabamos unidos antes de comenzar a salir y ahora lo estamos aún mucho más. Por eso tampoco me gusta decir que me arrepiento haber aguantado durante tanto tiempo en esa relación de follamistad. Por que de haber cortado de raíz, me habría perdido todos estos momentos maravillosos que hemos vivido y que estamos viviendo desde entonces.
Siempre que escribo este tipo de textos que gusta dar algunos consejos para mis lectores. Pero en este caso prescindiré de darlo. ¿De que os sirve tener un consejo de una persona que lo ha hecho todo mal? Desde un principio me he sometido a mis sentimientos. Lo único que os puedo decir es que aprendéis a valorar vuestras relaciones. Y que sobretodo penséis en vosotros mismos y en vuestra salud. Las follamistades son relaciones que suelen acabar mal y que provocan mucho dolor. Yo dentro de mi mala suerte he tenido buena suerte y todo ha acabado saliendo bien. Pero los estragos que dejan son diíciles de quitar. Empezada la relación he estado durante semanas desconfiando de Pepe cuando en verdad ya no tenía ningún motivo. Y antes de empezar una relación así, os recomendaría encarecidamente dedicaros a vosotros mismos, a quereros y a valoraros.
Muchas gracias por leerme. Espero haber podido al menos entreteneros durante un rato. Y para mí siempre es un placer poder escribir en esta plataforma y compartiros mis experiencias y preocupaciones. Cualquier cosa que querréis comentar estáis totalmente libres de hacerlo J
Un saludo y un besote muy muy grande para todxs <3