Mi novio, llevamos casi dos años juntos y ha tenido una vida muy… intensa, por decirlo suave: drogas, fiestas, descontrol.
Hace un mes le dio una sobredosis delante de mí.
(Decir que durante todo el tiempo que llevamos juntos me ha dicho que lo va a dejar. Lo máximo que ha aguantado sin drogas han sido 29 días).
Nos remontamos al mes pasado, al día fatídico. Para mí, sinceramente, el mayor trauma de mi vida entera, y eso que he comido mucha mierda en estos 30 años y he pasado situaciones muy duras.
Esto marcó un antes y un después.
Durante el año que llevamos juntos he vivido muchas situaciones bastante desagradables: noches sin saber de él, promesas rotas, mentiras…
“Sí, sí, a las 22 estoy en casa y cenamos”, y luego llegaba al día siguiente a las 15:30, mientras yo la noche anterior salía a las 22 corriendo a casa para preparar la cena.
Hay un patrón clarísimo: dos amigos. Siempre, siempre, siempre que ha quedado con ellos, han pasado cosas. Da igual si teníamos planes o no, si teníamos mesa reservada, si habíamos quedado con alguien… daba igual, la cosa acababa liándose exageradamente.
Yo de estas dos personas ya no quería ni saber nada. Solo escuchar sus nombres salir de la boca de mi pareja ya me provocaba ansiedad.
Le había dicho un millón de veces que me gustaría que se alejara de esa gente.
(Sé que depende de él dejar las drogas o no, pero ¿cómo vas a pretender dejarlas si te juntas con personas con las que llevas toda la vida haciendo eso? Es de manual: si quieres dejar algo, te alejas de los entornos, de la gente y de los sitios que te llevan a recaer).
Siempre me daba largas: “sí, sí, ya… igual debería”.
Hasta la noche fatídica, que cómo no, empezó quedando con uno de estos amigos. Después de vivir la situación de tener que cogerle la cabeza para que no se atragantara con su propio vómito, podéis imaginar el miedo con el que vivo a que esto vuelva a pasar.
Le dije que podía hacer lo que quisiera, que me daba igual, pero que si de verdad quería esto, que se alejara de lo que le hacía mal.
Y aquí viene lo de hoy.
Hace unos días, aun sabiendo mi opinión, el amigo X le propone hacer un plan. Él me dice: “Me ha dicho X de ir a hacer esto, ¿te apetece?”.
Le digo que no, un no bastante rotundo. Ya sabe lo que pienso y no me voy a fallar a mí misma diciendo que sí, aunque el plan en sí no fuera malo.
Vale, seguimos.
Viernes.
Le escribe el otro amigo X con el mismo plan y con la idea de venir a nuestra casa el finde.
“Le he dicho que no”.
Vale…
Acto seguido llaman unos amigos (una pareja) para hacer otro plan. Me dice: “¿Te apetece?”.
Le digo que sí, que a las 20 podríamos ir.
Y entonces suelta:
“Ufff, es que le he dicho a X que no porque estabas enferma, imagínate que nos ven”.
(Según él, después de la discusión, esto lo decía de broma).
A mí se me cambia la cara, como creo que es normal. Le digo que no me parece bien, que me gustaría ver cambios y que me habría gustado que les hubiera dicho la verdad.
Algo como: “Oye, estoy saliendo de una etapa mala y necesito un tiempo”. Cualquier cosa antes que decir que no porque yo estoy enferma.
Y bueno… la que se lió en un momento.
“No voy a hacer lo que tú quieres”.
“Son mis amigos desde los 13 años y estoy contigo 24/7”.
“¿He hecho algo malo?”
Yo le dije que solo estaba diciendo algo que me habría gustado que hiciera, no apuntándole con una pistola para que lo hiciera.
“Déjame hacer esto como yo quiera”.
Le pregunté si iba a seguir dando largas a sus amigos durante meses, si eso no le parecía más raro todavía.
“Es que no les voy a escribir diciendo que dejo de quedar con vosotros porque mi novia piensa que sois unos yonkis”.
Le digo que yo no he dicho eso en mi vida.
“En pocas palabras sí”, me responde.
Intento explicarle que la situación que viví me llevó al límite y que, después de todo lo que ha pasado, vivo con miedo. Pero nada, no parecía entenderme.
“Es que mira la que estás liando, buscando problemas”.
“Se te ha cambiado la actitud cuando te he dicho que había dicho que estabas enferma”.
Hombre… creo que es normal, ¿no? ¿Estoy loca?
Según él: “Eres una liante, se te va la pinza”.
Eso me lo dijo tal cual, y ahí ya sí que se me fue un poco todo.
Pero es que ni hablando después más tranquilos (sobre todo él) me entiende. Ya no sé si estoy loca, si de verdad soy una liante, si pido demasiado… Empiezo a dudar de mí misma. Hoy me apetece encerrarme a llorar todo el día.
Yo intentaba explicarle que decir algo que me ha chirriado o algo que me ha dolido NO es exigir que lo haga, que necesito expresar lo que siento y pienso, y que eso no es buscar pelea.
Pero él decía que sí, que todo esto se habría evitado si en el momento en el que me dijo la mentira yo hubiera dicho “ah, vale”.
Le pregunté entonces si a partir de ahora tengo que callarme y dejar de decir lo que pienso.
Y nada, resulta que la que no le entiende soy yo, que él lleva conociendo a su amigo muchísimos años y que encima que me elige a mí por encima de todo, no lo valoro.
Le explico que sí lo valoro, pero que ha pasado solo un mes y que necesito tiempo.
Intento explicarle que no es que quiera que diga algo concreto a sus amigos, es que me da miedo que dando largas deje la puerta abierta.
Pero nada. Él cree que tengo que abrir los ojos.
La verdad es que ya no sé qué hacer. Siento que estoy llegando a mi límite mental, que en cualquier momento me va a estallar el pecho de la ansiedad.
¿Qué opináis vosotros?
¿Por qué se pone tan a la defensiva con este tema?
¿He hecho mal?
¿Haber cambiado mi cara y el tono cuando me dijo la mentira fue un error?
¿De verdad estoy buscando conflicto?
Porque él se ha quedado solo con lo del principio: “yo buscando un problema”, por la mentira. Pero todo lo demás, lo que vino después, lo que me dijo… parece que no cuenta.
Me dice que a cualquiera que se lo cuente le parecerá normal lo que hizo.
Pero es que el problema no es ese, es el miedo.
¿Por qué le cuesta tanto decir “me estoy alejando de esta vida porque no quiero recaer”?
¿Por qué le da tanto miedo que sus amigos piensen algo?
Si son buenos amigos, lo entenderían.
Eso pienso yo…
(corregido por wls para facilitar su lectura)
