Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Mi pareja y yo hemos decidido casarnos. Llevamos ya años juntos, somos felices, tenemos proyectos en común y hace poco él me pidió matrimonio. Estoy muy feliz de casarme con él, creo que es el hombre de mis sueños. A pesar de ello, nunca antes había pensado celebrar una boda, porque soy una persona muy discreta y no me gusta ser el centro de atención de ningún acontecimiento.
Por el contrario, a mi pareja le gustaría que lo celebrásemos por todo lo alto. Pero al celebrar un enlace así, yo creo que se pone en compromiso a muchas personas. Si celebro mi boda en algún momento, no querré que nadie me haga ningún regalo ni mucho menos poner el número de cuenta para que me paguen el cubierto. Me parece comprometer a seres queridos que a lo mejor están pasando por un mal momento económico o a otros familiares lejanos que se tienen que gastar un dinero en acudir a la celebración porque viven lejos. Alguna de mis amigas me han dicho que para ellas sería lo contrario, que les haría mucha ilusión compartir ese día tan especial conmigo. Entiendo que pueda ser así, pero sé que no todo el mundo pensará lo mismo. De esta forma, no quiero presionar a nadie y tampoco quiero decepcionarme.
Sé que las personas que no puedan acompañarme ese día, en el fondo, me defraudarán de alguna forma. Sé que si tengo una amiga muy allegada y el motivo por el cual no acude a mi boda no es de peso, será difícil para mí seguir sintiendo esa amistad igual. Me da miedo que mi boda sea más un cúmulo de decepciones y compromisos, que un día especialmente bonito. Por otro lado, solo puede ser una persona testigo en mi boda. Yo quiero que esa persona sea mi mejor amiga, pero somos un grupo de cinco y me sabe mal decirles a las demás que solo puede ser una, porque las cinco somos muy amigas desde la infancia y no quiero poner a ninguna por encima de la otra.
Sé que todo lo que digo pueden parecer nimiedades sin importancia, pero tengo la impresión de que celebrar una boda puede ser más motivo de disgusto que de alegría. No quiero que nadie se sienta herido, ni que nadie se sienta obligado a nada que no le apetezca en esos momentos, ni mucho menos que nadie entienda esta boda como un gasto grande de dinero, significando para ellos un problema añadido en su día a día. Puede ser que lo sienta así porque yo he tenido alguna vez esa sensación cuando me han invitado a una ceremonia, o puede que lo sienta así porque a mí realmente tampoco me gusta ir de boda. Así pues, puede que tenga esa empatía hacia los invitados porque es algo que yo misma he podido sentir en algún momento de mi vida; evidentemente, no lo he sentido en las bodas de familiares o mejores amigas, sino de personas no tan cercanas.
Por esos motivos, mi idea es ir solo la familia a firmar y si en algún momento decidimos celebrar algo me gustaría que fuera una comida en una casa rural, donde nosotros vamos a pagarlo todo y donde la gente no sienta que deba acudir si no quiere, ni comprar un caro vestido ni nada parecido.
Simplemente, quien quiera unirse a nosotros un fin de semana para celebrar nuestra felicidad será bienvenido y quien no, ya nos veremos en otra ocasión sin problema alguno. Qué pensáis.
