Siempre que puedo voy a trabajar en bici, me ayuda a espabilarme por las mañanas y a desconectar del curro a la vuelta. Me evito pasar 20 minutos buscando aparcamiento y me hace feliz pensar que contribuyo a que haya un coche menos contaminando.
Vivo en un pueblo a las afueras de la ciudad y para llegar al curro tengo que cruzar las vías del tren, para hacerlo hay que pasar por una pasarela, por un lado subir a la pasarela es fácil, pero por el otro hay una serie de seis rampas metálicas en zigzag. Algunos días me animo y subo la primera, otros me vengo arriba y subo la segunda, y los días que voy muy muy a tope hasta la tercera, una vez conseguí subir la cuarta, pero lo que suelo hacer es bajarme de la bici y subir las seis rampas a pie.
Como ayer, salí del curro pensando en mis cosas, iba un poco distraída dándole vueltas a un problemilla, de forma automática al llegar a la primera rampa me bajé de la bici y empecé a arrástrala para arriba, entonces me pasan dos críos, no debían llegar a los 20 años, a toda velocidad con los patinetes. No lo vi venir, hay veces que lo intuyes, las risas, los cuchicheos, las miradas de reojo, sabes lo que viene, te preparas, sacas la coraza, hay días que te la sopla, hay días que sacas los guantes y contestas, pero ayer no me lo esperaba.
-¡No puedes subir la cuesta por GORDA!
Ahí estaba otra vez, hacia años, años, que no me pasaba, había asumido que ya estaba, que ya me habían dejado en paz, pero no, y ayer me pillo por sorpresa, note como la palabra se metía en mis oídos y rodaba hasta el estómago como una bola de plomo, al llegar allí, justo en momento que hacía “plop” empecé a llorar, y me vinieron a la mente todas las veces que me ha pasado lo mismo, seguí llorando todo el camino de vuelta, rezando para no cruzarme con nadie que conociese, me encerré en la planta baja / trastero donde guardo la bici y allí entre la cuna de cuando mi sobrino era bebe y las sillas de playa lloré hasta que conseguí calmarme lo justo para llegar a mi casa, volví a llorar en ascensor, y en la ducha, y tirada en la cama aun con la toalla.

Y entonces, cuando ya no podía llorar más paso algo maravilloso, me levanté, me vestí, puse a calentar el guiso, mientras tanto me comí un puñado de papas y un trocito de un queso nuevo que me apetecía probar. Comí, fregué, los platos, me hice las cejas, dormí un poco, comí un trocito de chocolate, hice deporte, pasé la mopa, y decidí cenar pronto en vez de merendar, cené sano, y vi una peli. Pensareis qué no tiene nada de maravilloso, que parece una tarde normal.
Veréis, otra yo, una yo de hace unos años, probablemente hubiera llorado toda la tarde recordando todas las veces que me han llamado gorda, las burlas, las risas, los rechazos, etc, se hubiera comido el paquete de papas entero, y hubiera comido más queso, probablemente con tostas, hasta que se hubieran acabado una de las dos cosas. Y se hubiera comido todo el chocolate, o mejor el helado, toda la tarrina, y probablemente hubiera tardado dos o tres días más en volver a estabilizarse otra vez, y hubiera entrado en un bucle de culpa y vergüenza.
Mirad, yo uso una 42/44 sin ser muy alta, he tenido épocas de usar más talla que ahora, épocas de menos, tengo un desequilibrio hormonal que a veces hace muy difícil que tenga control sobre mi peso. Yo hago deporte, tarde un poco pero encontré deportes que disfruto haciendo (no, ninguno es ciclismo ni spinning) pero lo hice y ahora forman parte de mi rutina, como sano, me costó una deconstrucción de hábitos, pero ya lo tengo interiorizado. Al final, me esfuerzo mucho para mantenerme sana, pero especialmente me esfuerzo mucho para estar bien, no solo físicamente, también mentalmente.
He decido escribir esto para todas aquellas a las que, como a mí, aun les escuece de vez en cuando la palabra gorda y las devuelve a lugares tristes, no pasa nada si aún no estás en ese punto donde la palabra gorda no duele, te aseguro que hay días y días, lo importante es quererse un poquito más que ayer, y tomar las decisiones que nos ayuden a queremos un poquito más mañana. Yo hoy he vuelto a coger la bici como todos los días, y he vuelto a subir las 6 rampas a pie, y lo seguiré haciendo mientras me haga feliz.