No quiero ni que se acerque . Es tocarle a algo y zas! Inmediatamente se convierte en el doble de trabajo para mí. No es que mi marido sea un inepto, ni que no quiera asumir tareas en casa. Más bien todo lo contrario. Pero yo no quiero.
Veréis, sospecho que mi marido tiene un TDAH no diagnosticado y necesita hacer 45 cosas a la vez. Esto ya de por sí me pone muy nerviosa. Imaginaros a un señor en pijama, descalzo, fregando cacharros mientras fríe un filete. Imaginaros esas manos aún mojadas poniendo el filete en la sartén. Pues eso, las gotas de agua de sus manos caen sobre el aceite y este empieza a salpicarse por toda la cocina. Y ya está liada. Él friega las tazas del desayuno, pero salpica de aceite todo el frontal de la cocina y parte del suelo.
Imaginaros también a mi marido tendiendo la ropa mientras está haciendo un puré en la batidora de vaso. Y con la velocidad turbo. Ya os he dicho que creo que tiene TDAH, verdad? Es incapaz de hacer una sola cosa al mismo tiempo. Le da la impresión de que pierde el tiempo mientras se dedica a poner una pinza a cada calcetín o a estirar una camisa para que no quede demasiado arrugada.
Vale, pues yo soy todo lo contrario. Me gusta hacer las tareas con calma. Prestar atención a lo que estoy haciendo en cada momento y me molesta mucho que me interrumpan mientras estoy haciendo algo. No soporto dejar nada a medias y creo que no podría estar haciendo 2 tareas diferentes al mismo tiempo.
Por mucho que me esfuerce en explicarle como me gusta que queden las cosas es imposible que , el resultado final, se parezca ni un poquito!!
Eso nos causó muchas discusiones y momentos muy tensos. Finalmente encontramos nuestra solución. Él ni se acerca a determinadas tareas y yo ni me acerco a otras que van más de su palo. No es una solución perfecta, pero, por lo menos, ya no quiero arrancarme los ojos cada vez que entro en la cocina, por ejemplo. Y , evidentemente, a él, (lógicamente) ,también le molestaba que le echara en cara que todo lo que hacía, digamos, que no estaba demasiado bien.
Mis amigas no lo entienden. Me dicen que soy una tiquismiquis y que a más de una ya le gustaría que su pareja colaborara en casa aunque salpicara un poco de aceite. Un poco, dice la tía!!! es que no has visto la cocina en ese momento. Os puedo asegurar que el Vesubio en erupción, expulsaba pegotes de lava más pequeños…
A mí, la verdad, no me supone ningún inconveniente que mi pareja haga otras tareas que no sean las domésticas propiamente dichas. No creo que sea un atentado contra la igualdad, ni que, porque yo asuma estas tareas y él se dedique a otras que le van mejor (cortar el césped,
subir los troncos para la chimenea, podar…),y que yo ni sabría por donde empezar, haya desnivel en el reparto de responsabilidades.
No sé lo que pensareis; imagino que muchos le daréis la razón a mis amigas, incluso a mi madre, que dice que lo de hacer mal las tareas es a propósito para así de este modo, librarse de hacerlas… pero de verdad os digo, que yo he ganado mucho en tranquilidad y en sorpresas no deseadas. No os podéis imaginar la de veces que al ir a hacer la cama me he encontrado unos calzoncillos metidos dentro de la funda de la almohada.
