Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
No quiero ser madre. Nunca lo he querido. Nunca he tenido esa necesidad de embarazo, de lactancia, de bebés. No me mueve.
Pero a veces cuando estoy con mi pareja y lo veo cocinar, cuando se ríe con sus sobrinos, cuando hablamos del futuro con música de fondo… me sorprendo imaginando cómo sería criar a alguien con él. Un niño, una niña, no sé… una vida compartida que no venga de mi útero, pero sí de nuestro amor.
Y entonces me rayo, porque digo: ¿y si no es que no quiera hijos, sino que no quería tenerlos sola? ¿y si la maternidad como concepto me da miedo, pero el vínculo con alguien con quien me siento segura me hace desear una forma distinta de familia?
No sé si esto tiene sentido. Solo sé que no quiero parir, ni gestar, ni renunciar a todo. Pero criar con alguien a quien amo profundamente… eso sí me remueve.
¿Le pasa esto a alguien más o estoy loca?
