Mi hermana cuando nació se equivocó de familia. Te lo digo yo. Somos un atajo de hippies. Nos tira más el monte que a una cabra. ¿Arreglarse? Para qué. La ropa es una necesidad para no pasar frío. Que sea útil y cómoda. Ya está. ¿Qué es eso de gastarse una barbaridad de euros en una prenda de ropa? Ni de coña. ¿Vacaciones? ¡Pues viva el mochileo y el camping! ¿Nuestras casas? Funcionales, no hace falta gastarse el dinero en chorradas de diseño sólo para que hagan bonito. Que, oye, que a quién le guste, pues me parece muy bien, pero vamos que no es nuestro caso.
Y luego está mi hermana La pija de la familia. Entendemos y aceptamos su existencia porque siempre tiene que haber la excepción que confirme la regla, ¿no? A ver, que nos queremos un montón (yo, por mi hermana, mato) pero chica, yo no sé de dónde ha salido esta mujer. O se equivocaron al dársela a mi madre en el hospital o no sé yo. Es que es todo lo contrario a nosotros. Le pirra la ropa y se gasta un dineral en prendas de diseñadores de moda. ¿Vacaciones?
Menos de un hotel de cuatro estrellas ni hablar, que ella es muy señora. Se está montando un pisito con su futuro marido que es para verlo, de minimalista que no veas, candidato para aparecer en una revista de decoración.
Mi hermana hace unos años conoció a un chaval muy majete, pijo como ella. De esos de llevar el jersey anudado por los hombros y usar mocasines. Bueno, en esta vida toda princesita tiene que tener un principito adjudicado, ¿no? Al menos al pobre hay que reconocerle que no se asustó excesivamente cuando conoció a la familia de su chica. Igual es que mi hermana ya había hecho un trabajo previo. Pero encajó bien, la verdad, no le vamos a quitar el mérito.
Después de unos añitos de noviazgo, el chico hincó rodilla y le pidió en matrimonio en un restaurante de postín y con anillo con piedrolo incluido.
Pues nada, llenos de emoción, iniciaron la titánica tarea de organizar su boda soñada. No les vale una casa rural con barbacoa como hice yo, no. Han buscado una finca súper bonita en un enclave espectacular, han encargado un catering maravilloso de porrocientos platos y un vestido de novia con varios ceros. Se están gastando una millonada. Pero si es su gusto, nada que objetar, faltaría más. Apoyo total a nuestra hermanita y su novio.
Pero el otro día mi hermana me llamó para tomar café y charlar. Es nuestra contraseña para decirme que necesita desahogarse o que tiene un problema.
El tema: que según tenía entendido, que una boda es una inversión y que casi siempre se recupera, y a veces se supera, lo invertido. Que no es que quiera hacer negocio con la boda, pero claro, se están gastando casi todos sus ahorros en la boda y le da miedo quedarse sin colchón económico. Que ya lo habló con mi cuñado y si se van a casar tienen que hacerlo por todo lo grande, que es como ellos lo entiende y lo quieren. Pero que le está empezando a dar miedo que los invitados no entiendan su esfuerzo económico y no sean lo suficientemente generosos.
A ver, chica, mi experiencia te sirve de poco, porque lo mío fue bastante de estar por casa y las cuentas me quedaron en positivo. Pero, claro, lo tuyo es de otro nivel.
Que sufre porque nuestra familia no le dé la importancia en dinerito que tiene. Y que, por lo visto, una parte de la familia de su chico es un poco rata.
Pretende hacer saber a los invitados cuánto cuesta el cubierto de manera sutil. Pero no se le ocurre esa manera sutil de hacerlo. Yo le dicho que en la invitación ponga el link de la finca o del servicio de catering, pero no está muy segura. También me he ofrecido a lanzar una cifra aproximada como si se tratara de un chisme en las siguientes reuniones familiares, pero, no sé…
¿Alguien que se haya encontrado en esta situación? ¿Alguna idea, propuesta, consejo?
