Soy cocinera desde hace 15 años. Y a base de esfuerzo, estudiar y mucho sudor he conseguido ser la jefa de cocina de un restaurante con un premio reconocido.
Ahora bien, como siempre me ha gustado cocinar y se me daba bien, mi familia siempre ha tirado de mi a la hora de cocinar en los eventos familiares. Al principio no me molestaba y aceptaba de buena gana, incluso a veces me ofrecía yo, así que en cuanto se organizaba algo, yo me encargaba de todo. Pero en algún momento lo cogieron como costumbre y ya ni preguntaban si podía o quería. Ahora la familia organiza una comida pero en realidad asumen que me encargo yo de TODO. El comentario general es que como me gusta, entonces lo hago de buena gana. Si a ver… es cierto, pero es mucho trabajo igualmente, y aunque yo ya estoy acostumbrada y se hacer estas cosas en el trabajo. Sigue siendo mucho. Al principio no me importaba, pero estamos hablando de mis días libres, que ya sabéis como van en hostelería. Si a ellos no les gusta tener que estar metidos en la cocina en su día de descanso con la familia, a mi tampoco. Una cosa es ofrecerme de vez en cuando y otra hacerlo siempre. Pero se supone que como es mi trabajo y me gusta, no debería quejarme. (Palabras de mi padre)

Siempre nos reunimos en la casa de montaña donde vive madre porque es la única casa de la familia con un comedor para mas de 20 personas y solemos ser unos 15 o así mínimo. Pero su cocina es pequeña y de los años 60, nunca lo han arreglado porque mi madre dice que para ella y mi padre bien les llega, y es cierto, pero claro, cocinar para 15 o más personas en dos fogones, un trozo de encimera donde no entra ni una tabla de cortar, una nevera mas baja que yo, y un horno de gas dónde sólo funciona la parte de abajo. Pues mis opciones son pocas. Pero ese no era el problema. Se pueden hacer cosas riquísimas con una fogón sólo y pocas cosas.
La cosas es que como trabajo dónde trabajo, ya no les valía con un guiso, una tortilla, pasta… No. Empezaron a hacer peticiones cada vez mas complicadas. Que si estuviera en mi casa las hacía, pero allí no puedo. Se lo he dicho varias veces a la familia cada vez que me piden platos de vanguardia. Pero hasta ahora solo he recibido puyas y burlas diciendo que mucha estrella Michelín pero que no sé cocinar ni no tengo aparatitos y cosas pijas. Y aunque se que no es verdad, al final molesta. Una vez me pidieron algo complicado para el cumpleaños de un tío, pero me las apañé para llevar parte del equipo y cosas preparadas ya de antemano, (con todo el trabajo que me llevó a mi hacerlo entre servicios y en mis horas libres). Lo estaba preparando todo ya desde por la mañana en casa de mi madre y cuando llegó la hora de la comida no aparecieron. Se retrasaron dos horas como si no pasara nada, se habían entretenido con el vermú en el bar. Me enfadé bastante y les dije que era mi trabajo, mis horas y mi dinero, pero ahí la mala fui yo. Me dijeron que si lo iba a hacer de mala manera que no me ofreciera. Estuve varias comidas sin ir después de esto siempre me inventaba algo. Pero volví a ir porque si no, es mi madre la que carga con la mayoría del trabajo, y ya tiene suficiente con cuidar de mi padre que tiene lo suyo. Así que me fastidia que no tenga ella su momento de relax cuando voy yo.
Volví otra vez a las comidas familiares, pero siempre aguantando las risillas y bromas de algunos y eso cansa. La gota que colmó el vaso fue esta última vez. Uno de mis primos celebraba el cumpleaños y me pidió algo especial. Le dije que eligiera él el menú. (era su regalo de cumpleaños) Todo iba sobre ruedas ese día hasta que se presentó mi tía sin avisar con amigos de ellos y la familia de su marido, para celebrar el cumple. Así que me junté con una comida de casi 30 personas, y no tenía comida para todos. Me tocaba improvisar, pero no llegaba para todos ni de broma con lo que yo tenía previsto. Me pidieron que si hacía pizzas que también valía. Era una buena opción, pero les avisé que el horno de mi madre no funcionaba bien, pero dijeron que no importaba. Así que me puse a ello. Hice 5 pizzas tamaño placa de horno, desde cero incluido la masa, todo iba bien, pero como el horno no funciona bien, las pizzas quedaron muy hechas y duras por debajo aunque no se quemaron, y sin dorar por arriba, apenas con el queso derretido. A parte del follón enorme que se creó en la cocina porque había cosas en sillas y por ahí colocadas porque no tenía sitio dónde hacerlo todo y siendo una cocina tan pequeña, no puede haber uno cocinando y otro fregando o recogiendo. Bueno, pues sirven la comida y lo primero que veo son malas caras de mi tía diciendo que la pizza no tenía buena pinta y que la había echo a desgana. Otros familiares diciendo que si no lo podía hacer que tenía que haberme negado. Al final la comida sobró la mitad y las pizzas acabaron casi todas en la basura. Y yo me llevé una represalia en general porque habíamos quedado mal con «invitados» en la casa. Además de recordarme muy «amablemente» que como era capaz de llevar yo un restaurante con el desastre que había dejado en la cocina de mi madre (y que recogí al acabar de cocinar mientras ellos comían). Me fui enfadada.
Ya le he dicho a mi madre que lo sentía mucho pero que yo no volvía a cocinar en ninguna comida familiar y creo que no le ha sentado bien a ella. Porque me dijo que si me comprometía a una cosa que debía cumplirla. A ver si ahora va ser que tienen razón ellos. Ya no sé…
Gracias por todo.