Cuando terminé la universidad volví a mi pueblo y perdí todo el contacto con mis amigos de aquel entonces. Siempre había sido una estudiante no muy destacable, en cambio los demás -y en especial mi mejor amiga- eran muchísimo mejores que yo. Lo de mí mejor amiga era de traca, matriculas de honor, la más inteligente de la clase, sabia cocinar, hablar francés, ingeniosa, lo pillaba todo a la primera, y mil cosas más, una locura. Mi novio de aquel entonces me solía decir que parecía enamorada de ella. Conste que siempre envidé principalmente donde habían llegado o lo sabían hacer, jamás ambicioné cosas materiales. Dejar morir la relación con esa amiga fue muy doloroso porque me dolía enormemente estar comparándome con ella siempre que la veía. Y seguramente ella no tenga ni idea de ello, y fijo que se partiría de risa si se enterase.
Así pues yo estaba en mi pueblo y empecé a trabajar, en una cosa ahora, después en otra, y la verdad no me iban mal las cosas, pero en mi cabeza toda esa gente que había conocido en la universidad iban mil pasos por delante de mi y yo seguía luchando por no sentirme la ultima mierda.
El año pasado por fin conseguí trabajo en mi sector (no en mi especialidad concretamente, pero bueno) y llevo ya ahí más de un año, y estoy muy feliz. Casualmente hace poco vi a una ex-compañera de la universidad (trabajo en su pueblo) y nos paramos un momento a hablar. Nos contamos una la vida a la otra, y por fin sentí que pues no estaba tan mal. Ella estaba un poco como yo, luchando por prosperar, estudiando, nada especial ni espectacular de lo que me había imaginado. Pues como hacemos todos.
Me he pasado años ambicionando y comparándome con los demás, y resulta que todo estos años en los que yo creía que era la ultima mierda pues lo he estado haciendo muy bien, coño (como diría lucia be). Esto me ha servido para ver que soy bastante más espabilada de lo que creía (no era difícil, tenia el listón puesto muy bajo) y que para la lo joven que soy he conseguido algunas cosas que no están mal. Y me voy a recompensar por ello. Y seguiré trabajando y ambicionando, pero porque me apasiona lo que hago y quiero mejorar, no porque sienta que me estoy quedando atrás.
No os comparéis nunca con los demás, cada uno tiene su propio ritmo, camino y recorrido. Quereros.