Para quienes hayais escuchado «Jueves» de La Oreja de Van Gogh, tengo una historia muy muy similar y para quienes no, ¿de verdad? Hazlo. Os transporto a la historia; otro país (digamos que estoy en el norte), mismo tren cada mañana, misma hora (5 am, no es fácil de asimilar pero sí), mismo andén, mismo vagón. Yo me había percatado de su presencia meses antes, él de mi existencia hace unas semanas, ¿cómo lo sé? Porque a veces le pillo buscandome con la mirada o se gira y me sonrie al salir del tren o eso me parece a mi. Hay que decir que a esas horas la línea va bastante concurrida y que el trayecto que compartimos es de unos tres minutos, y, bastante importante, no hablo el idioma (sé decir «roto», «caliente», «frío», «bonito», «mierda» «sí/no» y «qué» para ser más exactos.
Yo, que me encuentro trabajando a jornada completa en mi autoestima pero sin muchos avances (pa’ qué engañarnos) no he ligao nunca y soy tímida ¿eh? bastantico, sumando todas las condiciones anteriores como viene siendo la lengua, la duración del viaje o la cantidad de gente callada en el lugar. Aquellas personas que saben que no me permito los cinco minutitos más en la cama porque me arriesgo a perder el tren y no verle durante esos maravillosos minutos me hablan con atrevimiento de lo simple que es ir a decirle algo (¿a las cinco de la mañana?¿hablar? Anda y dame leche con galletas que con el estómago vacío no me funciona ni mi idioma) pero yo quiero ir más allá del «aquí te pillo aquí te mato», quiero saber qué haríais en una situación como esta, no me digais qué tengo que hacer sino cómo llevaríais a cabo el decirle algo, no decirselo, cambiar de trabajo y de transporte, llevar arco y flecha para cazarle cual Légolas divina, escribirle que entre esta latina y ese pedazo vikingo podemos gobernar el mundo, etc.
Os leo desde la otra punta! <3