Trabajo en un supermercado de una conocida marca, con sede en Valencia, y que tiene centros repartidos por todo el país. No hace falta decir nombres, ¿verdad? Nos hacemos una idea.
En nuestro súper suele reinar el buen rollo, nos llevamos bien. Reina un buen ambiente laboral y colaboramos entre todos para sacar el trabajo adelante y ser uno de los mejores de toda la cadena. Y estamos orgullosos de ello.
Y oye, que incluso el buen ambiente se nota entre los clientes y hemos conseguido un porcentaje bastante alto de fidelidad entre ellos.
Ya nos conocemos a los abuelitos habituales, que cuando vienen con sus nietos, nos los presentan. Alguna embarazada que nos trae, después de parir, al bebé, para que lo conozcamos. Detalles, interacciones que hacen que el trabajo sea menos pesado y más ameno. A ver, sí que alguna que otra vez tenemos algún broncas o un pequeño hurto, pero no suele ser habitual.
Y luego tenemos a Antonio. El señor Antonio. Toni para los amigos. Que nos trae locas. Simpático como el que más. Siempre tiene una broma o un chascarrillo para cualquiera de nosotros. Tiene huerto y gallinas. Y a veces nos trae tomates o huevos, para que los probemos. Y cuando en verano va a su pueblo, nos trae queso o embutido de allí. Amable, agradable, atento, respetuoso. Un desecho de virtudes. Sólo que cuando va pasando por los pasillos del súper, consigue que más de una de nosotras caiga rendida a sus pies. Y no en el sentido figurado, si no en el literal. Que yo lo he visto con estos ojos, cómo una compañera se mareaba y he tenido que atenderla personalmente, porque era la que estaba más cerca. Porque Toni tiene un problema de olor corporal. Uno muy grave.
No sabemos si es un problema de higiene personal o es que padece de bromhidrosis. Lejos de nuestra intención querer estigmatizar a alguien. Y menos al pobre Toni. Hemos estado investigando sobre la bromhidrosis. Resulta que se produce cuando las bacterias en la piel descomponen el sudor, generando olores desagradables. Y tan desagradables, entre pescado podrido y residuos de matadero.
Y el hombre es tan atento, tan agradable que se acerca mucho para hablar con nosotros. Ya le dijimos que abrazos en horario laboral no nos permitían dar porque no quedaba profesional, en un intento de alejar ese olor nauseabundo de nuestros cuerpos y nuestros uniformes.
Es que podemos adivinar por qué pasillos se mueve sólo por el olor. Cuando entra en el súper, la mayoría desaparece, y cuando se va, gastamos litros y litros de ambientador. Pero es tan buen hombre que nadie se atreve a decirle algo. No queremos ni que pase él un apuro tan grande. Ni que lo pasemos nosotros.
Por ahora, lo único que se nos ha ocurrido es aconsejarle productos en oferta, así, de manera subliminal, que, casualmente, siempre son de higiene personal o de perfumería.
Hombre, Toni, qué tal. ¿Has visto? Hoy tenemos en oferta este gel de baño con olor a coco que es súper bueno para la piel. Y huele de maravilla. Y hoy lo tenemos súper rebajado. Mi padre lo usa cada día y está encantado. Hasta las enfermeras del ambulatorio se lo han notado y le piropean. Mi madre va a tener que andarse con ojo.
Pero no coló, que ya tenía jabón y no le hacía falta.
Buenos días, Toni. Hoy tenemos en oferta las fragancias de hombre. Ahora tienen mayor durabilidad y han aumentado el tamaño de los frascos. Esta que es oriental amaderada la usa mi hermano y en su empresa ya le han salido un par de ligues. Lo que hace una buena colonia, ¿eh? Y para hoy son todas una verdadera ganga.
Que no, que gracias pero que no usa colonia (no nos habíamos dado cuenta), que él prefiere el olor natural. El problema es que su olor no es muy natural. A no ser que oler a perro muerto sea olor natural. Bueno, sí, naturalmente muerto.
Hombre, Toni, ahora hacía días que no nos veíamos. Mira me pillas colocando desodorantes. Es que ahora han sacado esto que son bactericidas que se ve que son la leche, porque evitan la formación de bacterias que producen mal olor. Yo creo que de estos tendríamos que tener todos uno en nuestras casas, me parece súper útil.
Pero ese día sólo venía a por leche y yogures.
Y así, todas las indirectas que se nos van ocurriendo y que Toni no quiere pillar al vuelo. En ninguna ocasión. Ni aunque sea por puñetera casualidad. Y ya no sabemos qué hacer.
Porque lo de aguantar estoicamente no nos está sirviendo.
¿Tenéis alguna idea de algo que nos pueda ayudar? Nuestras maltrechas pituitarias están llegando al borde del agotamiento.
