¡Hola a todas!
Os cuento. Hay una chica en mi grupo de amigos desde hace varios años. Oficialmente, todos somos amigos de ella, pero se unió al grupo cuando empezó a salir con su novio, que sí que es mi amigo de toda la vida. Aunque es una chica agradable, hay cosas que a todos nos escaman un poquito y que nos impide contarla como una amiga más. Son cosas muy sutiles, como estar comparando constantemente todo (lo cual termina quemando un poquito). Además, cada vez que vamos a tomar algo a cualquier sitio me echo a temblar porque como los camareros no le den un trato exquisito, monta el pollo (la ultima vez que fuimos a comer con ella pidió la hoja de reclamaciones porque la camarera tardó diez minutos en traerle su plato respecto a los del resto de comensales)
El caso es que hace cuatro años me comentó que estaba en plena búsqueda de embarazo con su novio (mi amigo de toda la vida) y yo me alegré mucho y les deseé buena suerte. Pero pasaron los meses y no terminaba de haber embarazo. Sabiendo que es un tema sensible, ninguno del grupo quiso hacer preguntas, pensando que simplemente el bebé ya llegaría.
Un año después, yo me quedé embarazada de mi pareja. Al anunciarlo al grupo, ella, en vez de alegrarse, puso mala cara y nos preguntó que cuánto tiempo llevábamos intentándolo. Al saber que había sido a la primera, se puso de morros y ya no volvió a decir nada en el resto del día.
Sabiendo que llevaba tiempo buscando, no le quisimos dar importancia. Pero cuando yo estaba ya a punto de dar a luz, nos llamó para anunciarnos que se había quedado embarazada , también «a la primera». La felicité, pero no pude evitar comentarle que como era posible que fuera a la primera, si hacía años y pico nos había dicho que estaba buscando el bebé. Ella respondió que el año anterior lo había estado buscando un par de meses, pero que por compromisos laborales había tenido que dejar el tema aparcado. Y este año, en cambio, pum, a la primera. La cara de póker que se me quedó fue épica, y no pude evitar pensar que, teniendo en cuenta lo poco que se iban a llevar nuestros hijos y la personalidad tan competitiva de ella, íbamos a tener problemas. Me coroné, la verdad.
Mi hija nació, la suya también, y empezó una carrera armamentística por su parte para ver quién había tenido el mejor embarazo, el mer parto, la mejor lactancia. Era quedar y contarme el buen parto que había tenido y la lactancia tan maravillosa que estaba teniendo, lo buenísima que era su niña y lo fácil que resultaba todo. Yo, que había tenido un parto complicadito y una lactancia espantosa, no tuve ningún problema en admitirlo y contar mi experiencia real al grupo. Pero cada vez que lo hacía, ella me interrumpía constantemente con frases tipo: pues a mí la lactancia me parece maravillosa. O: pues en el parto a mí me dejaron pintar la placenta. O un millón de chorradas más, sin evitar mientras lanzarme miradas arrogantes, como si hubiera ganado una competición en la que yo no siquiera sabía que participaba.
La cosa empezó a ponerse fea cuando nuestras hijas comenzaron a llegar a ciertos hitos, ya que su hija lo hacía todo infinitamente mejor que la mía, y por supuesto, ningún bebé podía comprarse en belleza y gracia con ella. Era agotador quedar con esta chica, pero cuando ya empezó a hacer comentarios directamente sobre mi hija, fue el colmo. ¿Está muy pequeña, no? ¿No habla mucho todavía, verdad? Me sentaba fatal, y mi marido me tenía que hacer gestos desde la distancia para que yo no soltará una bordería.
Y por supuesto, cada vez que el grupo quedaba, todo tenía que girar alrededor de su hija, cada conversación, cada palabra. Si alguien intentaba desviar la conversación, ella volvió a dirigirla hacia su niña, y parecía que cuando nosotros íbamos con la nuestra, ella era un personaje completamente secundario que incluso la molestaba.
En esas estábamos, cuando yo volví a quedarme embarazada. Cuando lo anunciamos, ella lo primero que preguntó otra vez es que cuanto habíamos tardado. Al decirle que tres meses, ella torció el gesto, y cuando otra amiga me dijo que seguramente este parto fuera mejor que el anterior, ella dijo que conocía a una chica que había estado a punto de morir en su segundo parto. Alucinada me quedé.
A partir de entonces, cada vez que nos veíamos, ella me daba una clase «magistral» de como llevar el embarazo y de cómo ser madre, contándome una y mil experiencias, como si la única madre del mundo fuera ella e ignorando a mi hija mayor por completo. Siempre terminaba las frases con un: pero eso tú ya lo sabrás, no? Pero supongo que tú ya habrás hecho eso, no? Siempre había una lección de maternidad que enseñarme, mientras señalaba que ella no se quedaba embarazada por segunda vez porque era una irresponsabilidad respecto a su primera hija.
Cuando mi segunda hija nació, y ella vino al hospital a conocerla, tuvimos que aguantar un relato pormenorizado del parto de su hija. Ni siquiera me dejó contar detalles del de mi segunda hija porque siempre me interrumpía .
Pero el colmo fue hace poco, cuando otra de mis amigas anunció que se casaba. Está chica, en vez de felicitarla, saltó enseguida con un: estás embarazada?
Nos quedamos todos helados. Mi amiga, visiblemente incomoda, dijo que no y que había más motivos para casarse que el embarazo.. La otra respondió que solo había sido una pregunta, pero dio la impresión de que todo gira en torno a la maternidad cuando está ella.
No deja a nadie olvidar que ella es más madre que nadie, que su hija está por encima de todo. Nosotros hemos decidido espaciar los encuentros cuando esté ella, porque estamos tan quemados que tememos liarla.
No entendemos muy bien qué le pasa, pero si tiene alguna clase de complejo, Dios, que lo resuelva de puertas para adentro, no? Qué deje a los demás en paz porque en la vida de la gente no todo gira en torno a la maternidad y crianza, y menos en torno a la suya.
Gracias por leerme.
