Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
En mi familia, como en cualquier otra, hay dramas por doquier, pero nos queremos mucho. Hacemos buenas migas e intentamos o bien camuflarlos, o bien perdonarlos y dejar esos problemas y enfrontamientos de lado para seguir siendo la familia aparentemente más feliz del pueblo. No hay una Navidad sin nuestras comidas familiares, y también pasamos los veranos juntos en la casa familiar.
Mi madre con mis tías, que son sus hermanas, tiene muy buena relación y siempre intentan protegerse las unas de las otras por mucho que se “critiquen” o critiquen a los hijos de una o de otra. Yo con mis primos me llevo bastantes años, pero con una de ellas me llevo poquitos años y crecimos juntas como hermanas, pasando mucho tiempo juntas y cuidando ella de mi por ser la mayor.
Pues cualquiera lo diría. Porque lo único que tenemos en común es el segundo apellido, queridas. Nada más, ni por casualidad. Y eso no sería un problema, porque no supone inconvenientes destacables con otros primos o ni si quiera con alguna de mis amigas que tampoco lleguemos a tener muchas cosas en común. Pero con ella es exagerado lo contraria que soy a todo lo que es ella. Y no quiero dármelas yo de superior, pero es que tiene tela la muchacha, con su actitud tóxica y sus gustos de pija adinerada, siendo realmente más humilde que ninguna. Es una persona malcriada, superficial, narcisista, tóxica con sus parejas, algo mentirosa y metemierda entre amigos o familiares, y muy materialista. Ahora entendéis por qué no la soporto, ¿verdad?
¿Cuál es el problema? Porque no seré la única. Pues que siento que tengo que llevar este odio a escondidas. La odio en secreto, sí. Porque en las comidas familiares siempre nos sentamos juntas, hablamos de cosas superficiales fingiendo interés, y nos alegramos de que nos toque el amigo invisible entre nosotras para poder hacernos regalos “guays”.
Yo no sé qué podrá pensar ella de mi, porque siempre me trata bien y a veces me llama por si quiero salir de compras con ella cuando está sola en la ciudad donde vivo, aunque ahora de adultas ya no tenemos la unión que teníamos de pequeñas, ni de lejos.
Entonces siento que cagaría todo en nuestra familia si yo mostrara mi sentimiento real hacia ella, cosa que me consume por dentro, pero prefiero consumirme yo de la rabia y no ensuciar más de lo que ella ensucia por sí sola el clima familiar. Porque en el fondo creo que todos la odiamos “en silencio” (a sus espaldas, vamos, porque entre nosotros siempre se la critica). Entonces hasta me sabe mal que tenga que ser ella así y provoque ese sentimiento a los demás. Pero me veo incapaz de mostrarle a ella que no la soporto y, al menos, mientras vivan nuestras madres y tías, seguiré tragando y soportando charlas innecesarias con ella, que más que no aportarme nada, me aportan disgustos. Que no seré yo quien “la cague”, vamos.
Pero me molesta tener que ser falsa con ella y algún día me gustaría poder decirle algunas cosas a la cara, al menos, para que deje de intoxicar los suelos por donde pisa. No sé si llegaré a conseguirlo algún día, porque es verdaderamente complicado gestionar relaciones con miedo de estropearlas.
Y es que la verdad últimamente se lo está ganando, porque como diría mi madre “hizo un feo muy grande” con el nacimiento del hijo de nuestro primo, al que queremos mucho. Que mientras yo tuve muchos detalles personales con el bebé y sus padres, así como regalos de nacimiento como todo el mundo hizo, ella tiene los ovarios de decir que no participa en un regalo conjunto porque prefiere “más adelante” (perdona, ¿cuándo?) hacerle un regalazo de más de 100 euros, cuando a mi personalmente me dijo que se iba a gastar lo justo con un detallito (quitándole un 0 a esa cifra, resumiendo).
Sinceramente, con esto ha colmado el vaso y espero que la verdad explote en su cara como es debido ya.
