El otro día, después de una noche horrible sin apenas dormir, llegué a casa de mis padres completamente agotada.
Mi hijo lleva unos días malo, entre la fiebre, los despertares y el trabajo siento que voy en piloto automático.
En un momento solté un simple:
«Estoy reventada, no puedo más.»
Y mi padre, sin mala intención (o eso quiero pensar), me respondió:
«Pues es lo que tanto buscaste.»
Me quedé callada.
No porque no supiera qué decir, sino porque me dolió más de lo que esperaba.
Sí, claro que quería ser madre. Lo deseé durante mucho tiempo.
Pero una cosa no quita la otra.
¿Desde cuándo querer tener un hijo significa que no puedas estar cansada, desbordada o tener un mal día?
Es como si, por haber elegido ser madre, ya no tuviera derecho a quejarme nunca más.
No estaba diciendo que me arrepintiera. Ni que no quisiera a mi hijo. Solo estaba expresando que estaba agotada.
Y, sinceramente, creo que cualquier padre o madre entiende perfectamente esa sensación.
Me dio la impresión de que muchas personas confunden querer mucho a tus hijos con tener que vivir la maternidad sonriendo las 24 horas del día.
¿Os han soltado alguna vez una frase de ese estilo? Porque desde entonces no paro de darle vueltas y cada vez me parece más injusta