Os cuento mi historia intententando ser breve, aunque no prometo nada.
Este verano conocí a un chico con quien conecté de una forma bestial desde el primer instante. Para mi gusto, todo ocurría rápido, muy rápido (beso en la 1a cita, declaración de intenciones en la 3a, te quiero a las 3 semanas de conocernos…),pero a pesar del vértigo que me causaba tanta rapidez yo estaba ilusionada y a gusto con él, para qué negarlo.
Pasa el verano, acaban las vacaciones y el chico maravilloso empieza a trabajar. No puedo hablar de su trabajo, solamente decir que es exigente a nivel físico y sobre todo mental. Obviamente, nos vemos menos, pero sigue siendo maravilloso cuando estamos juntos, unos 2 o 3 días a la semana. El problema viene (sí amigas, siempre hay un problema) cuando se tiene que ir 2 meses a destino desconocido y prácticamente incomunicado. Es una decisión difícil, pues vamos a estar separados prácticamente el mismo tiempo que llevamos juntos. Decidimos que no queremos dejarlo y tiramos para alante.
Pasan los 2 meses, con todos sus días, todas sus noches y sus poquísimas oportunidades de hablarnos. Cuando por fin vuelve, pasamos juntos 4 días. Está «raro» pero estar 2 meses en otro país en condiciones duras privado de sueño, comunicación y cualquier comodidad tiene que pasar factura.
Tras esos 4 días juntos, vuelve a trabajar y aunque está en su ciudad, cambian sus horarios y condiciones: jornadas de 7 a 18:00 con alta exigencia física, además de algún que otro fin de semana también en paradero desconocido. Saca tiempo y fuerzas para venir a verme. Cabe destacar aquí que de su trabajo a mi casa hay 1hora y media, cuando a la suya es la mitad.
Veo el esfuerzo que hace por pasar unas horas conmigo (desde que llega a casa hasta que cae exhausto), de verdad que lo valoro, pero yo noto que no es el mismo. Desde que volvió de los 2 meses fuera ha cambiado de forma brusca. Está frío, ausente, desganado, siento que ya no le atraigo, que no le gusto, que no me quiere. No tiene nada que ver con el chico cariñoso, ilusionado y entregado que conocí este verano.
He hablado con él, siempre está dispuesto a hablarlo todo, durante las conversaciones me dice cuánto le preocupa que yo me sienta así, pero parece que luego todo cae en saco roto, tanto por su parte como por la mía. Por poner un ejemplo, yo llevo bastante mal no saber nada de él cuando no estamos juntos. Obviamente me refiero a cuando estamos en ciudades distintas, no cuando le destinan fuera. Para mí es normal comunicarme con quien se supone que es mi novio varias veces al día: algún mensajito de buenos días, comentarle si me ha pasado algo destacable en el trabajo, mandarle alguna frasecita o tontería que me recuerde a él, llamarnos al final del día para contarnos cómo ha ido… Él no, antes sí que solía hacer cosas así, pero ya no.
Hace unos días me sentí muy mal porque, una vez más, había estado ausente. Habíamos hablado una tarde y no supe de él hasta la tarde del día siguiente. Cuando hablé con él rompí a llorar, salió toda la frustración que llevaba dentro, le dije cómo me sentía y que suponía para mí verle tan distante. Él no lo ve así, dice que por estar 24 horas sin hablar no tengo que sentirme así, que puede ser una obsesión y que le preocupa que estos malentendidos nos pasen factura, porque lógicamente están cargándose la relación.
Hablamos y no llegamos a un acuerdo, para mí es lógico sentirme abandonada cuando no veo a mi pareja en varios días, no da señales de vida en 24 horas y está fría y distante los pocos momentos que estamos juntos.
¿Qué opináis? ¿Es obsesión mía? ¿Es frialdad suya? Si en algo sí nos hemos puesto de acuerdo es en que no es una batalla a ver quién tiene razón, sino que queremos conocer la causa de tantas discusiones y malentendidos para poder resolverlos y afianzar la relación, más aun cuando dentro de poco le vuelven a destinar fuera y tendremos que pasar por otra separación de 2 meses.
Muchas gracias por leerme. Al final no he sido nada breve, suerte que no prometí serlo.