Así, como lo veis, estoy con una ansiedad que para qué.
Llevaba con mi novio tres años y medio. Justo entonces le salió un trabajo fuera de España, un proyecto de dos años. Desde el principio estaba muy entusiasmado: era una gran oportunidad y se sentía bastante estancado en el trabajo. Las condiciones eran muy buenas; además, le ayudaban a buscar alojamiento y con todos los trámites necesarios, e incluía un curso intensivo de inglés, el idioma que se habla en la empresa. Me lo planteó todo muy bonito: que nos fuéramos los dos, que yo pidiera la excedencia y nos quedáramos allí; que todo el mundo encuentra trabajo y que una dependienta puede ganar hasta 2.500 euros limpios.
Acepté. El plan era que primero se fuera él unos meses antes y, cuando estuviera instalado, iría yo. Pedí la excedencia y me la concedieron, pero me pidieron que me quedara al menos dos meses más para encontrar a alguien adecuado y poder formarla, por si tenía que volver. Acepté, y tampoco me pareció descabellado.
A las dos o tres semanas empecé a notar a mi novio raro: llamaba menos y estaba distante. Le pregunté qué le pasaba y me dijo que estaba cansado y agobiado. Mi instinto me decía que había algo más, pero no quise presionarle ni ponerme yo más nerviosa. En Navidad nos vimos y seguía raro, distante, aunque intentaba que yo no me preocupara demasiado. En enero nos fuimos juntos para allá y, desde la segunda semana, todo fue mal. Estaba todo el día de mal humor; llegaba a casa y casi no me hablaba. Yo empecé un curso para manejarme con el idioma y ni siquiera me preguntaba qué tal. La ciudad era muy bonita, pero hacía mucho frío. Desde que llegamos, no tuvimos relaciones.
Quedamos con unos amigos de allí, también españoles que trabajan en su centro, y todo el mundo estaba contento; el único con cara de vinagre era él. Así que lo de la presión en el trabajo no parecía ser la causa. La situación fue de mal en peor: discusiones por tonterías,hasta en el supermercado, aunque yo estaba teniendo toda la paciencia del mundo. El día de San Valentín, nunca me ha gustado, pero hice una excepción, le dije que podía preparar algo especial y me respondió: «¿Desde cuándo crees en estas mierdas?». Fue la primera discusión fuerte, y así continuó la situación hasta su cumpleaños, el 28 de marzo.
Ese sábado se fue al gimnasio por la mañana, a las 9:30. A las 13:00 no aparecía; le llamé y no me lo cogió. Volví a llamarlo a las 13:45. Cuando por fin contestó, se puso como un loco: que dejara de controlarle, que parecia una psicópata. Volvió a las 16:00. Lo obligué a sentarse y me dijo lo que le ocurria: que se le había pasado la ilusión de estar conmigo; que se dio cuenta cuando yo ya había pedido la excedencia, y no sabía cómo decírmelo. Que esperaba que, al estar yo allí, todo volviera a ser como antes, pero no; que no quería seguir con la relación. Y que por supuesto no habia otra. Que era puro desgaste. Dijo que se iba unos días.
Me quedé sola pensando y decidí que, de acuerdo, que rompíamos, pero que yo quería quedarme allí. Llevaba tres meses y, la verdad, la ciudad me gustaba, el idioma también, y había hecho un grupito majo con los del curso. Además, realmente sí hay buenas oportunidades de trabajo: en eso no me mintió. Volvió el martes. Le pregunté si seguía adelante con la decisión y me dijo que sí. Entonces le comenté que me iba de la casa, pero que me diera unos dias para encontrar algo, porque quería quedarme allí. Se puso otra vez hecho una fiera: que si estaba loca, que por qué coño me quedaba allí… y otra vez lo de «psicópata». Nunca me habia hablado asi, nunca. No lo entendía. Es que no entiendo esa sobrerreacción, porque cuando me dijo que quería romper no insistí. En esas dos semanas sola tampoco llamé ni me puse en contacto, ni un mensaje, nada. Cero contacto. le dejé tranquilo.
Y ahí me di cuenta, está con otra, seguro. No sé quién será, pero teme que acabe enterándome, por eso reacciona así. Se fue de la casa y me dio dos semanas, me repitió que era un error, pero que hiciera lo que me diera la gana, y que sabía que yo lo hacía por tocarle los cojones y por jodeerle la vida. A las dos semanas me escribió, «espero que hayas encontrado algo». Le dije, y era cierto, que tenía una habitación, pero que entraba en tres dias. Dijo «ok, cuando te vayas, por favor, deja las llaves en el buzón».
Ni una llamada en todo este tiempo, estoy alucinada, mi familia también. Todo el mundo piensa lo mismo, que está con otra. Desde el viernes estoy ya instalada, vivo bastante lejos de la excasa, en una zona casi céntrica, pero sé que acabaré encontrándomelo. De verdad, nunca sabes realmente cómo es tu pareja, jamás, jamás, jamás lo habría imaginado. En serio, siempre se portoba bien conmigo
