No pocas veces he sentido vergüenza de ir al centro de la ciudad yo sola, es un lugar donde todos tienen su grupo, su fortaleza, si vas solo es como que te encuentras en una posición de vulnerabilidad con respecto al resto de gente.
Por otra parte, si todavia formamos parte de la gente a la que SÍ le importa el «Qué dirán…» seguramente se nos haya cruzado por la cabeza que los demás piensan que si vamos solos no es por propia elección, es que no tenemos a nadie con quien salir a la calle. Nos da miedo ir al cine solos, ir a cenar solos a un restaurante, preferimos ver esa película en la intimidad del hogar, o cocinar, que atrevernos a romper esa barrera de lo socialmente aceptado y hacer lo que realmente queremos.
Esto, no obstante, nos trae muchos problemas a lo largo de nuestra vida. Para empezar, mantenemos y alimentamos relaciones -no solo románticas, sino también amistades y lazos familiares- con personas que no nos aportan cosas buenas, pero que sentimos que deben estar ahí para no ser aquella que «no tiene a nadie con quien ver una peli un 15 de diciembre» o la que asistió sin pareja a la boda de aquel primo. Sentimos que debemos insistir cuando alguien no nos presta la atención que merecemos, en vez de dejar que simplemente haga lo que le nazca, y si no le nace verte, abandonar esa relación hasta que se marche, como quien deja de regar una planta. Estamos todos de acuerdo en que, aparte de agua, una planta necesita otras cosas como oxígeno y sol, pues haciendo un paralelismo, si tú continuas regando una planta a la que le faltaba sol y aire, no va a acabar de una forma muy distinta a si dejas de regarla, puesto que no es el único factor que influye. Si una persona no quiere verte y tu sigues poniendo de tu parte, igual estiras un poco de la relación, un par de meses, pero los otros factores siguen faltando y la planta va a acabar muriendo tarde o temprano.
No tiene nada de malo decidir dar en la justa medida que recibes, es protegerte de decepciones, es protegerte de crear expectativas que no van a cumplirse, y sobretodo, es ser sincera contigo misma. No insistas, no te llama ni te escribe, pone excusas, prefiere hacer otros planes aunque ya los tuviese hechos contigo; no le interesas. La soledad es una compañía maravillosa para darte cuenta de quién está realmente.
¿Vosotras qué pensais?