He visto el vídeo de Vinicius llorando otra vez por insultos racistas y me he acordado de cuando me pasó algo parecido con mi hijo en el parque.
No soy negra pero mi hijo sí lo es.
Tenía tres años cuando una señora muy sonriente me dijo:
Ay, que exótico… parece de los que bailan bien, como un monito
Me reí por educación porque no supe que decir y me arrepiento tantísimo.
No es la única vez que le han dicho algo pero si una de las que me marcó.
Hoy veo a Vinicius llorar en rueda de prensa, roto, pidiendo que le dejen vivir en paz.
Y no puedo evitar pensar en mi hijo y en lo que le tocará aguantar a él también.
Porque esto no va de estadios de fútbol.
Va del parque. Del cole. Del súper.
Va de cuántas veces más vamos a pedirles que aguanten sin romperse.
Cuántas veces más les vamos a decir que lo ignoren. Que no hagan caso.
Que no se lo tomen a mal.
Que no monten un escándalo.
Que no lloren delante de nadie.
Yo ya no quiero que mi hijo aprenda a aguantarse.
Quiero que sepa que tiene derecho a llorar a enfadarse, a decir basta.
Y que nosotros los que sí podemos vivir sin pensar en todo esto cada día le vamos a acompañar cuando lo haga.
Gracias por leerme.
