Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Os cuento mi historia porque, en realidad, no sé qué hacer.
Necesito alguna palabra amiga o, tal vez, simplemente algunas palabras buenas que me ayuden a ver la situación desde otra perspectiva… no sé.
Tengo dos hijos: mi hija, de 19 años, y mi hijo, de 15.
Vivo con ellos y con mi pareja.
A mi hijo me dieron la custodia hace un año y es un sol de niño. Mi hija es diferente.
Él es de los que puedes pedirle lo que sea y siempre te dice que sí. Viene, me pregunta si necesito algo, si estoy bien, me da besitos, abrazos…
Con mi hija ni siquiera puedo acercarme a darle un beso.
Trabajo 8 o 9 horas al día, y voy muerta de cansancio por la vida. Aun así, siempre dejo la merienda hecha para el colegio y, a veces, en solo una hora que tengo libre, vengo a casa y preparo la comida para mis hijos.
Mi hija se pasa el día durmiendo. No limpia su habitación, no me ayuda en casa, no sabe poner una lavadora y ni siquiera cuida de su mascota.
Todos los días, al llegar por la noche, tengo que discutir con ellos porque ni siquiera han puesto los platos en la mesa para cenar (una tarea que les he asignado).
Ella dice que es culpa del hermano, él dice que es ella… y así vamos.
Se puede pasar el día entero jugando al ordenador, y cuando la llamo para cenar aún tengo que discutir. Y si no quiero discutir, ceno sola con mi hijo.
Ella trabaja y tiene su propio dinero, aunque todos los gastos escolares corren por mi cuenta. Tampoco colabora con los gastos de casa.
A veces le pido que traiga una caja de café o un brick de leche (porque ella también los consume) y ya responde con mala cara o notas claramente que no quiere hacerlo.
Puede verme muerta de cansancio, y aunque ha estado todo el día en casa, lo tengo que hacer todo yo después de una jornada durísima.
Siempre que está enferma la cuido, incluso le doy la comida en la boca si hace falta. Pero cuando estoy yo enferma, ni un vaso de agua me trae si no se lo pido.
Siempre le he dado todo. A veces incluso por encima de mis posibilidades. Pero nunca le ha faltado nada de lo que ha querido.
A veces tengo ganas de echarla de casa, aunque no tengo coraje. Otras veces pienso en irme sola con mi hijo y que se las apañe ella.
Y lo que os cuento es solo una parte de lo que vivo con ella.
Todo esto me hace mucho daño, y por dentro… en realidad estoy muerta.
¿Tenéis algún consejo o algo que me pueda ayudar?
Porque, de verdad, estoy muerta en vida. 😞
