Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hola chicas, me gustaría compartir una historia amorosa que me ha ocurrido recientemente y me ha dejado un poco descolocada. Resulta que conocí a un chico estupendo, llamémosle Fabián, de treinta y tantos años, carrera vocacional en un ámbito parecido al mío, inteligente, muy educado… ¡en fin! parecía un caramelito. Coincidimos en unas jornadas laborales, estuvimos unos días compartiendo el mismo entorno, lo estuve observando y me parecía un hombre interesante, con mucha conversación y que podía estar interesado en mí. Al final empezamos a quedarnos a solas y a congeniar. La atracción entre ambos era bastante evidente así que, empecé a ilusionarme y sentir como esas maripositas iniciales en el estómago.
La primera cita con Fabián fue interesante, con mucha conversación, y él manteniendo las distancias con mucha prudencia, lo cual me sorprendió un poco, porque quizás estoy acostumbrada a los hombres españoles que son más directos, pero aquella novedad me seducía.
Hablamos de todo, de psicología, educación, libros de filosofía… sí que me llamó mucho la atención que me hacía muchas preguntas sobre diferentes temas y que, mencionó en varias ocasiones a su “psicoterapeuta”, tanto que parecía que estaba allí presente en nuestra mesa. Rápidamente desmonté esa “bandera roja y la convertí en verde” porque pensé, “quizás se está trabajando, mejorando como persona, y eso puede tener muchos puntos favorables”. ¡Quizás su psicólogo es alguien importante en su vida! ¡Es más! Yo misma soy psicoterapeuta y he acudido a terapia.
Perfecto pensé, así que es un hombre atractivo, que trabaja su físico, entrena su mente, está como un bombón y encima me trata como una reina. ¿Cuál es el problema? ¿Qué puede ir mal?
Las siguientes citas también fueron muy enriquecedoras. Dimos paseos, hablamos… ¡pero a mí ya me hacían chiribitas los ojos cuando me miraba, las mariposas ya habían emigrado a otra zona de mí cuerpo, ya me había convencido la charla y empezaba a imaginármelo desnudo y en mi cama!
Los mensajes de texto ya eran bastante calentorros, el entorno ya se había dado cuenta de que la cosa “ardía” y el asunto iba viento en popa. Aquella noche, al lado de una piscina, a solas, cuando pensé que “todo estaba a punto de caramelo”… me dice ¿Y tú que piensas de la importancia de la relación con tu padre? ¿Te ha marcado? – Entonces, obviamente la atmósfera cambió, y sentí de todo menos atracción sexual. Y de nuevo, empezamos la conferencia intelectual. Cuando llegué a casa pensé ¡Bea, quizás has salido toda tu vida con neandertales y este sea un hombre culto de verdad!
Esa noche entré en mi Linkedin y vi que Fabián había estado mirando mi formación y experiencia ¡Que majo! – pensé.
Antes de la siguiente cita sí que hubo bastantes preliminares y tonteo. Todo fue muy bien hasta que oscureció y nos fuimos a mi hotel. Nos retiramos a una zona apartada del bar y una vez allí me suelta “La Bomba”. Entre conversaciones profundas me cuenta que la relación con su padre no es buena y que le pesa mucho haberle sido infiel a su última pareja. Me sorprendo a mí misma acariciándole la mano y diciéndole que bueno… ¡que las mierdas ocurren en esta vida!
Acto seguido me cuenta que hay más, que estuvo años siéndole infiel a su pareja, y que además acudía a prostitutas con las que quedaba para llevar a cabo todo tipo de prácticas sexuales a escondidas. Me dice que fue así como su ex pareja se dio cuenta, porque dejó el teléfono mal colgado y escuchó mientras el “follaba a una puta”. Encima, después había intentado mentirle diciendo que solamente había acudido para que le dieran un masaje por estrés. Además, añadió “la adicción al sexo” no es la única que he padecido. ¿Ah no? – le digo, no sé por qué, porque tampoco me apetecía indagar más. Y me dice que ha tenido otras, como juegos y demás, creo que mi cerebro se desenchufó en aquel instante. Mantuve una conversación con la mayor cantidad de recursos que pude en aquel momento, sosteniendo a aquel hombre, entregando mis cuidados y paciencia de mujer patriarcal.
Pero después, a los pocos minutos… me entró un retortijón en la barriga, las mariposas salieron volando al igual que mi libido sexual, recogí a aquel hombre como pude y lo acompañé a la puerta del hotel. Luego recibí un Whatsapp que decía ¡Ha sido una noche increíble! ¿Quedamos la próxima semana?
Al cabo de un par de días, me envió un Whatsapp para decirme los temas que quería hablar conmigo. Además, me dijo que tenía una melena increíble y unos ojos preciosos. Esa semana me llamó para concretar la cita y al final de la conversación me dice – ¿Sabes que mi terapeuta cobra 80 euros por sesión?
De repente me sentí muy ocupada para quedar con Fabián. Hay hombres que piensan que las mujeres somos centros de recuperación integral, de recuperación de la autoestima, del amor personal, un lugar en dónde sentirse reforzados, adorados, deseados, cuidados, escuchados y venerados. Como una estación de repostaje de gasolina, en dónde repostar y luego irse “todo poderosos” hacia su próximo destino.
Me quedó la duda de si Fabián quería realmente una cita o una sesión de terapia gratis. ¿Vosotras que pensáis?
Por Beatriz



