Mi suegra es estúpida desde que se levanta hasta que se acuesta la pobre. Ya llevo años de roces con ella y he pasado por diferentes fases. La fase en la que, según su criterio, yo había cogidos unos kilos, la fase en la que su hijo en cambio los estaba perdiendo (haciendo alusión a que yo no le daba bien de comer a su cachorro, como si él no tuviera dos manos y una boca), la fase del coñazo tremendo en el embarazo y así innumerables ocasiones.
La verdad es que antes de ser madre, la toleraba mejor, le daba un capotazo por aquí y otro por allí y no me lo tomaba todo tan mal, pero desde que tengo hijos no puedo con ella, os lo juro. Porque se mete en lo más íntimo que tiene una mujer, que es su maternidad, y por ahí no paso, y como ella tampoco sabe callarse, pues tenemos una gresca tras otra.
Cuando mi niño nació, todo eran problemas, sencillamente, porque ella, que es la súper madre perfecta, cree que su forma de hacer las cosas es la óptima y que lo que hacemos las demás es un tremendo mojón.
Que si la ropa cuando hace frío o calor. Que si la teta, mucho o poco. Que si hay que cortarle más las uñas. Después que si la guardería, la comida, la fruta, el baño. Más tarde el colegio, los amigos…todo le parece mal. Si no mal, al menos te hace ver la muy imbécil que ella lo sabría hacer mejor. Como si ella no se hubiese equivocado y sus hijos fuesen todos perfectos, que ya os digo yo, por la parte que me toca porque convivo con uno de ellos, que de perfectos tienen poco.
El último enganchón ha sido por el cumpleaños de mi niño. Ella le dijo a mi marido que le hacía ilusión pagar los gastos de su fiesta de cumpleaños, y yo admito que a mí no me parece casi nunca bien nada que provenga de ella, pero porque sé que en todos sus gestos supuestamente altruistas, hay letra pequeña. Mi suegra creería que el hecho de pagarle la fiesta de cumpleaños a su nieto le daría carta blanca para hacer lo que ella quisiera y como a ella le diera la gana, pero no siempre las cosas salen como una las prevé. Resulta que el chiquillo al final quiere celebrar su cumple en un parque de bolas con sus amiguitos, y ahora la buena señora no sabe más que poner problemas porque eso no es lo que ella había ideado, sino una fiesta de cumple en un local, a la vieja usanza. Lo que no entiendo es cuál es el problema, si la fiesta no es para ella. Y el otro día se lo dije, que no se lo pagase si no quería, pero que si mi hijo quiere celebrarlo en un parque de bolas, allí se hará. No hay más debate.
El caso es que se ha enfadado conmigo otra vez. Dice que el niño antes quería una fiesta normal y que el tema del parque de bolas se lo he metido yo en la cabeza por ir en contra de ella. Primero que es mentira, un niño con 5 años es más que normal que quiera jugar en las bolas con sus amigos. Pero aparte, es que os juro que no entiendo cuál es el puto problema de que el chiquillo haya cambiado de opinión ni por qué lo toma como un insulto.
Esta mujer sólo sabe buscar problemas donde no los hay, se pasa la vida buscándome la boca. Os juro que me tiene desesperada, me aburre y me cansa a la vez y ya no sé cómo lidiar con ella para que todo no sea una puñetera guerra. ¿Tan difícil es que cada una se meta en sus asuntos y ya?
