Reproducimos el testimonio de una lectora que ha llegado via mail:
Quiere ponerle los cuernos a su mujer conmigo.
A ver como explico esto y que se entienda porque hasta yo estoy confundida con la situación.
Yo, cada día, llevo a mi enano al cole, y como nos pasa, supongo que a todos, me relaciono más o menos siempre con los mismos padres y madres. Aquellos con los que me siento más afín o con los que he llegado a tener más cosas en común o más amistad.
Pues bien. Con varios de esos padres he llegado a crear un grupo con el que organizamos planes de fin de semana, escapadas en verano, planes de piscina…. En ese grupo, por cosas de la vida, todo son parejas, a excepción de mí, que al estar divorciada, voy siempre sola a los eventos. Pero al ser una persona bastante sociable y de broma fácil o con bastante sentido del humor, no me ha costado llevarme igual de bien con las mamás y con los papás, por igual. Aun así, como pasa en todos los grupos, siempre hay personas con las que acabas sintiendo más afinidad, o simplemente con las que tu manera de pensar cuadra un poco más.

Pues bien, en uno de esos planes de fin de semana, uno de los padres y yo, (amantes de la cerveza por excelencia) nos escapamos a un chiringuito a tomarnos una y aprovechamos así para huir un poco del barullo de chiquillería que estaba formado. He de decir que él es el típico “papi bien”, que desde fuera se ve como el padre ideal, el marido perfecto, de esos que supones que viven por y para su familia, enamoradísimo, familiar, ya sabéis… El de la familia perfecta. O al menos eso creía yo. Pues bien. Comenzamos a hablar sobre la cuadrilla que habíamos formado, sobre lo bien que habíamos encajado todos los padres y lo chulo que era el hecho de que pudiéramos vernos más allá de lo estrictamente escolar y en un momento él me preguntó si yo no me sentía rara por ser la única que iba sin pareja a esas reuniones. Le expliqué que no. Que yo estaba muy a gusto sola y que a medida que iba pasando el tiempo más descartaba el hecho de estar con alguien porque había descubierto que así estaba realmente feliz. Él, empezó a contarme que nunca había estado soltero. Que su mujer había sido su primera novia y que nunca había experimentado esa sensación de estar “solo”. Y ni siquiera la de estar con alguien más. Que literalmente no tenía con quien comparar. Algo en la conversación dio un giro que me empezó a hacer sentir un pelín incómoda, pero no se anduvo por las ramas y de golpe y porrazo me saltó:
– Nunca me imaginé poniéndole los cuernos a mi mujer, pero si tuviera que hacerlo con alguien, creo que tú serías la única persona con quien lo haría. Si tuviera que elegir, solo lo haría conmigo.
Me quedé blanca. ¿Perdona? ¿En qué momento la conversación ha dado semejante giro?
Apuré la caña como pude como si estuvieran a punto de echarnos del bar y no quisiera dejar nada y le dije que ya nos habíamos escaqueado demasiado de nuestras funciones paternales y salí escopeteada de aquella situación que me había dejado loca y la tarde siguió como si nada, o al menos para él, porque yo estaba de lo más incómoda, y más aún cuando se acercaba su mujer o salía cualquier tema comprometido en la conversación grupal.
El caso es que ahora, después de su confesión, él parece totalmente liberado y su comportamiento hacia mí ha cambiado del todo. No hace nada que pueda hacer sospechar a nuestro entorno, pero no pierde la oportunidad de comentar mis estados, reacciona a cada cosa que pongo en redes o incluso ha empezado a pasar a visitarme por el trabajo con cualquier excusa absurda.
No me ha vuelto a sacar el tema, pero en su forma de actuar deja claro que pretende un acercamiento más “íntimo” entre nosotros, y aunque yo he sido bastante clara en mi opinión sobre la infidelidad, y he sido bastante tajante en dejarle claro que cualquier puerta al respecto de eso, está totalmente cerrada conmigo, no sé muy bien como actuar ante esta situación, porque ni tengo intención de nada con él, más allá de la simple amistad que ya teníamos, ni quiero que la relación que hemos creado entre nuestro grupo se vea alterada. Me siento superincómoda, pero de verdad que no sé cómo actuar.