Totalmente de acuerdo con Severina, ¡yo no soy un premio para conseguir, ni quiero que me hagan sentir «obligada» a nada porque, oooooh, me han invitado a una ensalada y un sándwich! NO.
Yo invierto en mi persona -gimnasio, maquillaje, perfume, ropas, cremas…- porque QUIERO YO, no porque sea un activo de mercado para el mejor postor, sino porque soy muy presumida y me gusta ir guapa. Si quedo con un tío a cenar y él dice que ME INVITA, voy a aceptar su invitación, pero le va a quedar claro desde el minuto uno que eso no implica reciprocidad carnal a no ser que a mí y a mí coño se le antoje, con perdón. Si eso no le gusta, no necesito que me paguen nada.
La caballerosidad me gusta en ciertos detalles con alguien con quien tengo ya una relación. Me gusta que mi pareja me regale flores o un detalle, igual que yo veo algo y pienso «esto le va a gustar, se lo compro», pero que alguien con quien he quedado por primera vez se adelante a la mesa para separarme la silla o pretenda ponerme el abrigo, me parece una ridiculez, a uno se lo dije «No te apures, si no me iba a dejar ahí el abrigo, ¡y también sé atarme solita los cordones!». Somos PERSONAS, no premios. ¿No te gusta cómo un tío se presenta a una cita porque tú vas de vestido largo ultra mona y él se presenta en chanclas y camiseta del Madrí? ¡PLÁNTALE! En ese momento coges y te piras. Pretender que un tío te pague las cenas, o te lleve el bolso, estar supeditada a lo que él crea correcto pagar, me parece un atraso de la pera.