Se viene rollo aviso. Somos seis hermanos en mi familia. Soy la más pequeña; me llevo diez años con el más pequeño de los otros cinco y veinte años con el más mayor.
Para mí el más mayor nunca ha existido. Mi familia nunca me ha querido contar la historia, pero he ido recabando información a lo largo de los años.
Cuando yo tenía unos cinco años, discutió con mis padres. Hasta entonces había sido el hijo modelo: buen chico, buen estudiante, no se metía en líos, ayudaba en casa y parece ser que siempre con una sonrisa. Pero terminó la carrera y en el trabajo conoció a una mujer veinte años mayor que él y dicen que empezó a actuar diferente: contestarles mal, no avisar cuando no iba a dormir, pedirles dinero (aún teniendo trabajo), cuestionar de malas maneras su vida y cómo le habían criado…, parece que les faltaba al respeto de manera continua. Mis padres iban aguantando y aguantando, hasta que un día le dijeron que si tan mal estaba, lo mejor sería que se fuera. Y se fue.
Mis padres a la semana estaban arrepentidos y le llamaron pidiendo perdón. Pero no aceptó las disculpas y dijo que no volvería ni quería saber nada de ellos. Todas las navidades y su cumpleaños mis padres le llaman, y lo más que consiguen es un «gracias».
Han pasado treinta años desde que se fue y a mis padres les sigue doliendo.
Me caso en unos meses y pensé que quizás era el momento de enterrar el hacha de guerra y que se reconcilien. Por mí no, ya que no le considero mi hermano, pero sí por mis padres. Así que le llamé y le dije de vernos. Accedió a quedar conmigo y fui con toda la ilusión. Lo duro fue que él sí seguía dolido; que acusaba a mis padres de no aceptar a su mujer y que seguía pensando que estaba mejor sin ellos. Me dio las gracias por la invitación y me dijo que no quería saber nada de nosotros.
Volví a casa bastante decepcionada y he dudado muchísimo sobre si contárselo a mis padres o no. Por un lado, es mejor vivir confiando en una futura reconciliación. Por otro, aceptar por fin que es como si no tuvieran hijo y no mirar más al pasado. Y, para que quede constancia, eliminarle del testamento.
Al final se lo he contado y menudo disgusto se han llevado. Pensé que lo llevarían mejor. Y han vuelto a analizar todos los momentos del pasado; no recuerdan haberse metido con la novia que tenía su hijo, es más, dijeron de invitarla a comer y nunca fue. Están pensando en qué se equivocaron, se arrepienten de todo y ha vuelto un dolor que parecía dormido.
Les he propuesto modificar el testamento y me han dicho que imposible, que sería aceptar que no hay solución, que es justo lo que ha quedado claro. Mis padres no son ricos, pero tienen algunos ahorros, la casa en la que viven y un pequeño apartamento en la playa. Dividido entre cinco está claro que es más que dividir entre seis. Y, para qué nos vamos a engañar, a mí el dinero en un futuro me vendrá muy bien.
He hablado con el resto de mis hermanos y no están de acuerdo conmigo: dicen que tocar el testamento solo va a perturbar más a mis padres y que mejor que no me meta. Pero es que ya me he metido; le he invitado a mi boda, le he mirado a la cara y solo me ha devuelto indiferencia. Creo que lo más justo es que le deshereden.
Así que sigo insistiendo y su respuesta es siempre que no. Hemos llegado a discutir, pero es que no lo entiendo: deberían priorizar al resto de sus hijos, que les queremos y seguimos en su vida, no?
