¡Qué bonita es la maternidad! Sus primeras sonrisas que te derriten, sus primeras palabras que te emocionan, sus primeros pasos inseguros que te hacen reír, sus vómitos, las noches sin dormir (años sin dormir de tirón), los planes cancelados por imprevistos del peque, los nuevos planes que siempre, por supuesto, tienen que estar adaptados al peque… Olvídate por algún tiempo -años- de escapadas románticas, de aventura, viajes a determinados lugares, etc. Olvídate durante unos años de continuar con tus estudios en la universidad cuando finalices el grado superior si es que te lo habías planteado en algún momento, porque compaginar los cuidados de un bebé con estudiar un grado universitario es bastante complicado a menos que tengas un sostén económico potente (y no parece el caso). Olvídate durante muuuuuucho tiempo de darte una ducha relajante, porque a los dos minutos de entrar será interrumpida por algún llanto o algún «mamiiiiiii». Olvídate de darte algún capricho de vez en cuando porque no te haces una idea del sangrado económico que son los hijos, sobre todo en sus primeros años de vida. Y así podría seguir horas, y sólo te estoy comentando muy por encima las preocupaciones e inconvenientes más lights, que un hijo es para toda la vida y en la vida pueden pasar muchas cosas.
No quiero parecer frívola ni agorera, porque por supuesto la maternidad también tiene muchos aspectos gratificantes, pero nos han vendido una visión edulcorada de la maternidad en la que caminamos sobre nubes de algodón y felicidad que no se corresponde con la realidad. La realidad es que puede llegar a ser frustrante, agotadora, desconcertante y desgastante. Que también te traerá muchas satisfacciones y te hará aprender y crecer como ser humano, sí, pero antes de emprender ese proyecto vital tienes que estar preparada y tener suficientes recursos emocionales y económicos para afrontarlo, porque hay etapas durísimas e, insisto, es para toda la vida. Y por supuesto hay que tener en cuenta que por encima de tus deseos (ser madre) están los derechos de tu hijo (tener garantizadas la estabilidad afectiva, emocional y económica).
Te aconsejo que estudies, viajes si te gusta, que conozcas gente, disfrutes, encuentres un trabajo y seas INDEPENDIENTE ECONÓMICAMENTE (esto es MUY IMPORTANTE), que profundices en la relación con tu pareja (también muy importante, si pretendes que él sea el padre de tu/s hijo/s… Recuerda que vuestros hijos os atarán de por vida). Quién sabe, igual con el tiempo cambias de opinión y te das cuenta de lo bien que estás sin hijos. O puede que sigas con unas ganas locas, pero ya habrás madurado y tendrás la certeza de que no es un capricho, que realmente estás preparada para emprender ese proyecto.
Te hablo desde mi experiencia: 45 años, divorciada y madre de dos adolescentes. Adoro a mis hijos y su padre y yo estamos orgullosísimos de ellos, es lo mejor que hemos hecho juntos y no concibo mi vida sin ellos… Y sin embargo, confieso que alguna vez me he preguntado que para qué habré traído dos personitas más a este mundo loco y superpoblado.
Perdón por el torro, pero traer una persona a este mundo me parece un tema muy serio y quería que tuvieras en cuenta todos los factores. Un abrazo y ánimo con lo que decidas!