Hola! Estaba leyendo el foro de #cuéntalo mientras trabajo. Es un día feo, no hay nada que hacer.
Hay historias que me rasgan el alma. Y esas mismas, junto con otras, me hacen pensar.
Hace tres o cuatro años, casi recién separada, decidí que con treinta y pocos años, merecía experimentar. Que diez años con la persona con la que había perdido la virginidad tenían que ser compensados. Y me descargué Tinder. Conocí muchos hombres. Casi todos consiguieron que me pareciera un mundo oscuro y hostil. Quería experimentar, pero el sexo por sexo jamás me ha llamado la atención.
Sin embargo, vi un perfil que me gustó. Hombre tipo hipster. Barbita y tupé. Labios preciosos. Brazos fuertes. Aunque se le veía media cara, parecía súper atractivo. Y quedamos. Me tuve que acercar a su pueblo, a casi 100km de mi casa.
Me llevó a un mirador, tomamos unas cervezas en su coche. Y empezó a pedirme que le enseñara un tatuaje que llevo en la espalda. Que me quitara la camiseta. Le dije que no. No era lo que parecía en fotos para nada (error mío no pedir una videollamada). No me atraía en persona en absoluto. Cerró las puertas con seguro de su coche. Puso el aire a tope de caliente. Le pedí marchar porque iba a anochecer y yo había salido de un turno de noche. Me dijo que esperara. Que me quedara un rato más.
Me alejaba todo lo que podía de él, pero él me sujetó para besarme. Recuerdo lo mucho que me desagradó. Sólo recuerdo el sabor a tabaco de su boca. Quería irme, pero sólo podía hacerlo si él me llevaba. Así que, con mente fría, le volví a pedir marcharme de manera insistente, viendo que no iba a poder evitar el sexo. Se molestó cuando comprendió que no iba a pasar nada »por su paseo para nada» y el camino a mi coche fue tenso. En todo el trayecto y mientras le convencía para irnos, por miedo a que me forzara a más, me hice la sumisa. La que disfrutaba lo que estaba pasando. Nada más lejos de la realidad.
Al final, al dejarme en mi coche, le dije que estaba todo bien. Pero no. Yo tenía miedo, podría haber sido mucho peor todo. LLegué a casa y me había escrito. Le comenté cómo me había hecho sentir cuando le había pedido irme y no había accedido. Y le bloqueé.
Y así es cómo, en mi caso, creo que conseguí que pasara a mayores el que un hombre no aceptara que no es no, y que querer irse es normal.
Ojalá a ninguna más nos pase, no sintamos ese terror. Ojalá no tener que tener cabeza fría, ni saber cómo reaccionar. Ojalá sólo poder dejarnos llevar.
A todas las que hemos pasado por algo así o peor. Sois fuertes. Sois suficiente. Sois valientes. Sois guerreras. Os quiero, hermanas.
