Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hola, comunidad WLS. Hoy he venido para desahogarme un poco y seguro que muchas se sentirán identificadas con mi vivencia. Creo que estoy atravesando una jodida crisis existencial, no veo la luz, ni ningún túnel.
Ya rozo la cuarentena y me he dado cuenta que todos los esfuerzos que he hecho en mi vida han sido en balde. Cursé estudios universitarios fuera de mi comunidad pensando que era lo que me abriría las puertas a un buen trabajo. Pues ahí comenzó el gran error: estudiar algo que no me gustaba, cosa que descubrí casi al final. Volví a mi tierra natal y luego compensé esto estudiando dos ciclos formativos y, como no puedo permitirme estar sin trabajar, compaginaba ambas cosas. Así que tampoco he tenido muchas oportunidades para dedicarme a las profesiones en las que me he formado o, al menos, no han sido cosas seguras o estables como para poder tirarme de lleno a la piscina.
Compararse con otros sé que no tiene ningún sentido, porque cada uno vive su realidad, pero no puedo evitar hacerlo y pensar que otras personas han tenido más suerte, pudiendo encontrar trabajos nada más finalizar sus estudios o teniendo un buen respaldo que les permitiera ser más selectos a la hora de elegirlo. Encima, cuando ves que tus jefes son más incompetentes que tú, pues de eso, ya ni hablamos… Por otro lado, reflexiono acerca de todas las relaciones fallidas que he tenido a lo largo de mi vida, todos los traumas e inseguridades que se han ido creando en mí, sobre todo tras la última. Esa sensación de tiempo perdido, aunque a la vez me han servido para aprender de esas situaciones y, cada vez, querer estar más sola, sin compartir mi vida ni tiempo con ningún hombre, porque me siento agotada y perezosa.
No sé si en algún momento han llegado a sentir estar en el fondo de un pozo, de no valer nada, de no merecer nada, de casi no poder mirarte en el espejo, porque detestas lo que ves, de huir de cualquier foto para no enfrentarte luego a la realidad. Pasar de no tener ganas de levantarte de la cama durante todo el día al otro extremo, el de hacer mil cosas, hacer varias tareas a la vez para no pensar, para mantener la mente ocupada. No dormir por las noches porque no dejan de abordarte los peores pensamientos, siempre dejándote en el peor lugar posible, ridiculizada, pequeña, inútil. Me siento acobardada, no me siento capaz de hacer nada bien, ni de gustarle a nadie.
Mi familia tampoco es para tirar cohetes, estamos bastante dispersos. Yo soy la que intenta ser el pegamento y suavizar los conflictos entre ellos para seguir manteniendo el contacto, pero también me siento exhausta de estar ahí una y otra vez. No he podido comprarme una casa, vivo de alquiler con mis preciosos gatos, siempre con el miedo de que al propietario se le cruce el cable, lo quiera poner vacacional y hasta luego, Lucas. Irme lejos no es una opción, de momento.
No quiero alejarme demasiado (en distancia física) de mis padres, porque están separados y viviendo solos, ya son mayores y tienen algunos problemas de salud. En cuanto a mis amigos, sí, ahí están y con algunos siento que tengo una “red de seguridad”. Y en cuanto a mí, siempre me pongo mi mejor careta para salir a la calle con la mejor de las sonrisas. Gracias por leerme y si te sientes mínimamente identificada con esto, no estás sola.
