Estas navidades tenía todo previsto. Iban a ser nuestras últimas fiestas sin hijos y quería disfrutarlas al máximo. Salía de cuentas a mediados de enero y cuando empezó diciembre me encontraba lo suficientemente bien para hacer muchos planes.
Compré entradas para espectáculos, planeé quedadas con todos mis amigos, pensé hasta vestidos bonitos de embarazada para arreglarme, Nochebuena y Navidad con la familia política, Nochevieja y Año Nuevo con mi familia. Iban a ser unas navidades especiales.
Pero no conté con que cada embarazo es un mundo y que todo podía pasar. El 15 de diciembre me puse de parto y tras muchas horas agónicas me tuvieron que hacer una cesárea. Mi cuerpo estaba destrozado pero mi corazón lleno de amor.
A pesar de que dije que no quería visitas en el hospital, allí se plantaron tanto mi familia como mi familia política y parecía que no entendían que yo no estaba para nadie.
Al llegar a casa y empezar a aterrizar en el mundo, me di cuenta de lo poco que faltaba para Nochebuena. Le dije a mi marido que teníamos que disculparnos pero nos quedaríamos solos en casa los tres. Todavía nos faltaba mucho para estar adaptados.
Llamamos y lo tratamos de explicar, esperando comprensión. Pero nos encontramos todo lo contrario, no lo entendían, que era una falta de respeto, que ya habían comprado comida, que si pensábamos que éramos los primeros en tener un hijo, que les parecía una excusa y que contaban con nosotros igualmente.
Nos quedábamos sorprendidos sin entender nada. Al día siguiente volvimos a llamar y ya directamente nos contestaron que si era para seguir con las excusas no las querían ni escuchar. Y que si no íbamos, que nos olvidáramos de ellos por un tiempo.
Mi marido está destrozado pero por suerte está de acuerdo conmigo en no ir.
Confío que pronto se les pase y podamos retomar el contacto. Mi duda es si después de esto podré seguir considerándoles familia.
