Diez años de relación. Vivíamos juntos, claro. Y por aquel entonces teníamos un perrito. A raíz de tener que sacarlo a pasear mañana y noche, hicimos amistad con la vecina, que también tenía perro. Era muy maja. Poco a poco fuimos estrechando la relación y, cuando hacía buen tiempo, después del paseo nos íbamos a una terraza cercana. Hasta ahí, todo normal.
Pero su hermana se separó y se fue a vivir con ella. Se unió al grupito fueron pasando los meses, no penséis que fue algo rápido. En ese tiempo yo estaba haciendo la tesis y daba clases en una academia, sobre todo por las tardes. Para no volverme loca iba al gimnasio dos o tres días por semana, a primera hora. No había nadie, cuatro gatos. Mi novio trabajaba de 8:00 a 15:00.
Y entonces empezaron las cosas raras. De repente me sugería que fuera al gimnasio por la tarde. Por la tarde, que estaba lleno de gente, sobre todo de canis. Me decía que así podría ir con mis amigas. Pero mis amigas no podían ir por la mañana porque trabajaban. Hasta a ellas encontraron rara la sugerencia.
Después empezó a insistir en que fuera a estudiar a la biblioteca. Iba alguna vez, cuando me agobiaba de estar todo el día en casa, pero no quería que se convirtiera en rutina. Un día, medio en broma, le dije:
Oye, ¿me quieres perder de vista o qué?
Se rió.
Qué cosas tienes, mujer. Lo hago para que salgas de casa, que tienes moreno de flexo.
Me reí. Pero algo no encajaba.
La alarma grande empezó a sonar un día que estaba de tapas con mis amigas. Se suponía que iba a volver sobre las ocho, pero la cosa se alargó. Le escribí.
Ok, disfruta —me respondió.
Treinta segundos después, ya habia metido el mvil en el bolso, otro mensaje suyo:
Oye, que al final sí puedo.
Puedes qué? —le pregunté.
Nada, para ayudar a mi hermano con el ordenador. Perdona, me que he equivocado
No me lo creí. Pero preferí autoengañarme.
La situación se prolongó unos meses más. La vecina, la maja, empezó a estar rara conmigo. No me miraba a los ojos. Y entonces decidí comprobarlo.
Con mucha antelación, le dije que el día X me iba al cine y a cenar, que volvería tarde.
Esa tarde salí, cerré la puerta… y en lugar de irme, esperé. Me fui a una cafetería con una amiga. Tenía el corazón a mil. Para tener una excusa, le escribí:
Oye, ¿vas a estar en casa, no?
Sí, sí, claro.
¿Te importa poner la lavadora? Se me ha olvidado. Ya he dejado la ropa preparada
Pasó un rato, como una hora y media
Volvimos al edificio. Yo delante. Mi amiga detrás.
Entré en casa. Él no estaba.
La lavadora había terminado. El piso en silencio.
No dije nada. Bajé las escaleras. Hasta el piso de la vecina. Desde fuera se oía música, no muy fuerte, pero se oía
Llamé al timbre.
Nada.
Pero estaban dentro. Volví a llamar. Una, dos, tres,veces… La música seguía sonando.
Llamé a mi novio. No contestó. Volví a llamar. Nada. 3 veces y nada. Seguí insistiendo con el timbre. No mucho, tocaba dos veces y paraba. No quería un escándalo. Yo sabía que la hermana iba a llegar tarde o temprano; era un día entre semana, y ellos tambien lo sabían. Hasta que la música se paró. Cuando finalmente abrió la puerta, salio, blanco, blanco, como la pared, nunca lo habia visto asi, mi amiga se fue.
En casa intentó manipularme. Decía que había montado un número….que las cosas se hablaban entre adultos, que les había dado miedo, y fingía estar indginado
Le miré y le dije firme:
—No te atrevas. No te atrevas.
Se fue a casa de su hermano, pasó por muchas fases, admitirlo en parte, quitarle importancia, que habian sido solo 4 o 5 veces, echarle la culpa a ella… De todo. Fue lamentable. No éramos ningunos críos, 43 años los dos.
Cortamos, no habia de otra, hace poco lo vi, ha dado un bajon, no me alegro, pero lo vi triste, apagado, con la piel cetrina, no iba mal vestido, pero daba la sensacion de descuidado…. todo por superar la crisis de los 40 liandote con otra.
Yo me quede con la autoestima por los suelos.
