Tengo que reconocer que la maternidad me ha alterado demasiado. Puede que yo fuera una persona bastante intensa antes de tener a mi pequeño pero después de tenerlo todo se vio incrementado.
La relación con mi marido no es perfecta y siempre hemos discutido mucho. A raíz del peque las discusiones también fueron en aumento.
Era una tarde de invierno, de esas que hace frío y no sabes qué hacer. Acabamos en un típico centro comercial, después de discutir porque me hizo esperarle para salir cuando yo me había encargado de la merienda del niño y de preparar todo.
Para situar la historia, tengo que reconocer que siempre me han dado miedo los perros. Sin ningún motivo aparente y sin ningún pasado dramático, pero me dan miedo. Hace unos meses un perro, que yo diría que era peligroso, se escapó de su dueño y vino a por el carrito de mi hijo. No pasó nada pero tuve muchísimo miedo. Sumando todo, no voy a negar que estoy a la defensiva cuando veo perros.
En el centro comercial nuestro peque iba de mi mano. Pasó un perro grande a su lado y me asusté pero no dije nada. El problema es que después nos lo volvimos a encontrar en una fila y el perro ya sí que hizo intención de acercarse. La dueña dijo que no hacía nada y yo le contesté, seguramente no de la manera más educada, le dije que no se acercara a nosotros. Me miró con odio y me dijo que no tenía que ponerme así, que la maternidad me había afectado y que estaba loca.
La verdad es que me hundió, quizás me equivoqué y soné muy violenta. Pero no sé si me merecía esa respuesta. Agaché la cabeza y no dije nada más. Casi se me escapan las lágrimas.
Nos separamos y necesitaba desahogarme, que alguien me comprendiera. Le dije a mi marido que la situación me había revuelto el cuerpo. Su respuesta fue que cómo me había puesto, que no tenía que decir las cosas así, que había exagerado y reaccionado mal. Me machacó. Y ya no pude contener las lágrimas.
Reconozco que seguramente me equivoqué. Pero creo que no me merecía que nadie me llame loca y menos que mi marido, sabiendo toda la situación, no muestre comprensión hacia mí.
Ya no hemos vuelto a hablar del tema pero cada vez que nos cruzamos con un perro miro hacia el suelo y me acuerdo de aquello.
