Mi prima siempre ha sido muy de postureo y cuando dijo que se iba a casar, organizó la boda en diciembre para tener fotos bonitas con toda la iluminación de Navidad y quiso casarse en la catedral.
Pensé que quedaría muy chulo en un entorno tan precioso y de hecho me imaginé que sería una buena opción para el día que me casara, sin embargo, la verdad es que no me gustó.
La catedral es tan grande y tiene los techos tan altos que tofo quedaba desangelado y vacío. No se apreciaba la sensación de grupo acompañando a los novios y en las fotos de dentro, apenas aparecen muros porque el rosetón y las vidrieras quedaban muy altas. Además, estacamos todos congelados, con abrigos y guantes y mi prima tiritando para lucir el vestido, pero es que intentar calentar espacios tan grandes es imposible.
Lo de las luces de Navidad sí fue un acierto porque alrededor cubren todos los troncos y ramas de los árboles con guirnaldas y quedaron bonitas, pero también había demasiada gente alrededor.
La conclusión que sacó es que prefiero algo pequeño y acogedor aunque no se preste a que la gente alucine al ver donde me caso, pero que me sienta arropada por los míos en un día tan especial.
