Buenas foro me encanta leeros y hoy me toca a mi. Mi chico y yo llevábamos cuatro años de relación cuando él se decidió a hincar rodilla y regalarme un bonito de anillo de pedida en un fin de semana súper romántico que había organizado con ayuda de nuestros amigos.
Después de hablarlo tranquilamente, decidimos fijar la fecha para un par de años después, y así tener tiempo de montar la boda que queríamos. Sobre todo yo, para qué nos vamos a engañar.
Estos dos últimos años han estado llenos de altibajos. Conforme se acercaba la fecha de la boda, yo estaba más estresada y me daba la impresión de que él no se implicaba mucho y todo lo de daba un poco igual. También es cierto que su empresa está pasando por un proceso de reestructuración y están todos un poco nerviosos, esperando si van a ser absorbidos por una multinacional del sector y por si van a poder mantener sus puestos de trabajo.
Así que nuestras enganchadas, por una cosa o por otra, han estado a la orden del día. Y aunque siempre apelamos al amor que nos tenemos, a veces la convivencia se ha hecho un poco difícil y la relación se ha tensado un poco.
Yo me consuelo pensando que, en cuanto pase la boda (ya queda poco más de un mes), estaremos un poco más relajados y nos podremos centrar en su carrera laboral. Yo le he propuesto un par de veces que busque trabajo en otra empresa, pero no quiero ni oír hablar del tema.
Ayer todo cambió. Volvió muy contento y emocionado. Me pidió que me arreglase, que íbamos a salir a cenar fuera, a nuestro restaurante favorito, porque tenía que darme un notición, una megasorpresa que me iba a hacer feliz y que iba a solucionar nuestras frecuentes peleas de los últimos días
Bueno, estábamos sentados ya a la mesa, con una copa de vino en la mano para brindar, cuando me ha soltado la bomba. Le han propuesto ocupar un cargo de responsabilidad en una de las filiales de la multinacional. Que es un cargo de mucha confianza que le iba a permitir promocionarse en su carrera laboral. Que era una oportunidad maravillosa y que ya había dicho que sí y firmado el traslado esa misma tarde. ¿Traslado? Sí, traslado. La filial está a seiscientos kilómetros de la ciudad en la que vivimos.
Su maravillosa idea es que, si por ahora yo no me planteo cambiar de trabajo (pues no me lo planteo la verdad, estoy muy a gusto donde estoy, me gusta mi trabajo y me siento cuidada y reconocida en él), que él alquilará un piso en la otra ciudad y que vendrá a casa los fines de semana y fiestas de guardar. Y que alguna vez también puedo ir yo a visitarle.
Yo, de la manera más tranquilla que he podido, le he dicho que me hacía feliz que su carrera profesional estuviese más segura y que además pudiese promocionarse pero creía que un cambio tan importante tenía que habérmelo consultado antes de decidirlo porque somos una pareja, un equipo, y estamos a un puñetero mes de casarnos.
Y se ha ofendido de mala manera porque dice que no le apoyo. Claro que le apoyo, pero no creo estar exagerando cuando me indigna que haya tomado esa decisión sin hablarlo antes conmigo. Es una cuestión que nos afecta como pareja y creo que no ha demostrado ningún tipo de empatía ni de confianza en mí. Seguramente habríamos acabado tomando la decisión de que aceptase el trabajo, al menos por una temporada. ¿¡Y entonces para qué me quejo!? ¡Porque me lo ha ocultado y no nos ha dado la oportunidad de tomar una decisión tan importante los dos juntos!
Así que ahora estamos pasando la madre de todas las crisis, no nos hablamos y no sé en qué va a derivar todo esto.
