La primera vez que me lo dijo, me pareció excitante. Ya llevábamos juntos ocho meses y me fiaba totalmente de él, pero aún así le dije que con mi móvil o nada. Lo íbamos a grabar, después a ver juntos y después a borrar, para que yo me quedara tranquila y así lo hicimos.

Pero desde ese momento insiste en grabarnos prácticamente todas las veces que nos acostamos, a mí no me hace gracia porque me da miedo que algo se pueda quedar en la nube o que alguien tenga acceso, pero sobre todo porque no me gustó verme. A él le excitó mucho la experiencia, pero yo me sentía acomplejada analizando mi cuerpo y sin concentrarme en el hecho erótico de vernos.
No me importaría hacerlo de vez en cuando, pero es como que se ha vuelto una obsesión para él y cuando le digo que no quiero, se le quitan las ganas de sexo.