Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Me llamo Pilar tengo 67 años, y hace tres años que murió mi marido. Me gusta mucho leeros.
Estuvimos casados más de 40. Compartimos la vida entera. Lo bueno, lo malo, las crisis, las alegrías y hasta el silencio.
Desde que se fue, la vida sigue, claro. Pero no es igual. Me he acostumbrado a estar sola, a mi ritmo, a mis rutinas. Hay días que estoy bien y días que me cuesta, pero lo llevo como puedo.
Lo que me está pesando últimamente es cómo la gente empieza a esperar que me anime.
Que me abra al amor, que vuelva a sentir mariposas, que me baje alguna app para conocer gente, que me arregle más y que vuelva al mercado.
Me lo dicen con la mejor intención, no lo dudo, pero a mí me suena a presión.
Yo no quiero volver a empezar.
No quiero conocer a nadie.
No quiero ir a cenar con un desconocido que me cuente su vida cuando yo ya he vivido la mía entera con alguien a quien quise con todo lo que tenía.
Estoy bien así.
Y no entiendo por qué la gente asocia estar sola con estar mal. Y ya no de joven, sino incluso a mi edad y siendo viuda.
Hay un montón de mujeres como yo que estamos viudas que no buscamos rehacer nada, que solo queremos tranquilidad, amigas, paseos, leer un buen libro y que nos dejen en paz.
¿Soy rara por no querer volver a enamorarme? Un abrazo enorme a todas.
