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Socializar demasiado me dio diarrea
Salir de la zona de confort. Lo dice mi terapeuta y os lo digo yo que lo he comprobado de primera mano. Es algo que a mi, que me cuesta encajar y hacer amigos desde siempre, me resulta difícil. Pero cuando los astros se alinean y consigues hacer cosas que te hacen salir de la zona de confort, suele tener resultados positivos y buenos afectos en una misma.
O al menos eso creía hasta lo que sentí la última vez que lo hice.
Acostumbrada ya estoy a hacer cosas nuevas, fuera de la rutina, con gente que no son mis más allegados, actividades, eventos, todo lo que tú quieras, soy una persona que tampoco se cierra a “nada”…
Pero esto era un “fuera de confort” en toda regla.
Llevaba muchos meses con un compromiso pendiente con un conocido, por temas relacionados con algún proyecto universitario (por así decir, porque hace años que acabé los estudios pero sigo atada con alguna cosilla puntual). En este caso, es un muchacho que solo conocía por redes a través de compañeros en común, para así poder publicar o hacer cosas culturales juntos en un futuro no muy lejano.
El compromiso que tenía era ir a ver alguna de las presentaciones de su proyecto actual ya que está relacionado con lo que tenemos pensado hacer, y así tener un primer contacto.
Como no es un tema que me preocupe en mi día a día ni dependa mi vida de ello, con la tontería llevaba meses posponiendo cualquier contacto con el asunto. Así que el otro día que tenía libre y estaba más aburrida personalmente, decidí yo misma que no tenía escapatoria y que podía ir al evento de la presentación, en la que en principio no tenía que haber mucha gente y podía ser algo informal.
No sé cómo conseguí convencerme a mí misma, pero cuando llegó el día me dispuse a ir toda segura de mi misma, quitándole hierro al asunto y fingiendo que no estaba nada nerviosa por el tema. Ya que si le añades la enorme inseguridad que cargo encima, se complica un poco más la gestión.
Cuando llegué al sitio, me sentía más desorientada que don Quijote en un parque eólico. No conocía nada ni a nadie. Al inicio no me atreví a saludar al muchacho por el que iba, me dije que con la excusa de que estaría él nervioso y pendiente de su presentación y que no era el momento más oportuno.
Cuando acabó, tuve el valor de levantarme a ir rápido a ser la primera en ir a hablarle para que no se me escapara la oportunidad ya que sabía que si pasan dos segundos de más, me darían ganas de irme. Así que conseguí hablarle y estuvimos hablando sobre lo bien que había ido el evento y también de lo que teníamos nosotros “pendiente” o entre manos que, recuerdo, sólo habíamos hablado por teléfono.
Hasta ahí todo bien, pero empezó a presentarme a toda su gente que también había ido a verle y resulta que era gente de un nivel intelectual… pues digamos que superior al mío. Y por el contexto tenía que dar la talla. Hice lo que pude. Pero del esfuerzo de estar ahí más de 15 minutos aguantando la postura y siendo una persona que yo no soy, empecé a encontrarme mal como nunca jamás. Y no, no era de nada que hubiera tomado o comido.
Ellos se quedaron en el picoteo que había a continuación y yo tuve que excusarme, inventándome que tenía que irme por un imprevisto. Empezó a darme un dolor de cabeza que ya estaba viendo que no habría Ibuprofeno que me salvará de eso.
Cuando por fin llegué a mi casa, que estaba bastante lejos, empecé a marearme y fue pisar el baño y eso fue una verdadera película de terror, porque empecé a descomponerme por arriba o por abajo.
Os juro que no estaba entiendo nada, nunca me había pasado nada semejante por algo así, pero estaba notando en mi cabeza la presión de haber estado ahí sola con todos esos desconocidos con los que tenía que simular ser alguien interesante, cosa que jamás había sentido.
Ahora tengo un poco miedo de no poder salir más de mi “zona de confort”. O al menos de estas formas… pero lo peor es que tendré que volver a verme con esa gente y no sabré cómo afrontarlo.
Supongo que peor ya no podré sentirme.
