Mi hermana mayor siempre ha sido muy competitiva, mucho. De niñas, si la ganaba a un juego tenía que darle el desquite hasta que ella ganaba o me acusaba de hacer trampas, si sacaba mejores notas que las que tuvo ella en ese curso, es que los contenidos ahora eran más fáciles. Todo así.
Cuando ella tuvo a mis sobrinos pareció sentirse feliz porque en esos años todo fue para ella y los niños, y yo fui la primera en cargarlos de regalos y atenciones porque los adoro, porque eran los únicos, porque me encantaba ser la tía consentidora que dice a todo siempre que sí. Claro, cuando llegaron los míos, la cosa empezó a cambiar, ya no tenía tanto dinero para regalar, aunque como para entonces mis sobrinos tenían ya nueve y seis años, pensé que no era tan horroroso que cedieran la corona de los pequeños de la familia. Pues mi hermana no pensó igual. Apenas nació mi niña pequeña, mi hermana, que decía que no quería más niños, volvió a quedarse en estado.
“Es el más pequeño de todos, hay que consentirle un poquito” se ha vuelto su frase favorita desde que nació. Estas navidades, con el cinturón un poco apretado, mi hermana ha visto que no va a poder hacer -ni va a recibir- la montaña de regalos de otros años así que ha pedido que haya un solo regalo en la fiesta de mis padres. Que le da igual si en nuestra casa tienen más, pero que pongamos uno solo. Me pareció bien, pero cuando estábamos preparando la fiesta, llegó con varios paquetes y me dijo que no tenía importancia, que esos no contaban porque eran ropa y cosas pequeñas, que yo siguiera dejando uno solo. Mis padres trataron de mediar, que no era eso lo que habíamos quedado, pero ella y su marido dijeron que no, que era uno solo porque sólo había un juguete, que el resto era ropa, que era por no armar en casa la patulea de papel de regalo y cajas. Con las mismas, mi marido dijo que iba a por bizcochos de soletilla para el chocolate, se llegó a casa y trajo un regalo de los que teníamos en casa, lo cambió y nuestro hijo en la fiesta abrió ese, su “único” regalo. La Play5.
Claro, le sentó mal. Dijo que ese regalo no era para presumirlo delante de los primos y yo dije que habíamos quedado en un solo regalo, si ella tenía derecho a poner más, entonces yo ponía uno solo, pero podía elegir poner el mejor. Ahora dice que mi sobrino está triste y piensa que Papá Noel no es justo porque él ha sido bueno y le trae cosas mejores a los primos. Mi hermana y mi cuñado se han cogido el cabreo padre porque dicen que me he cargado su ilusión y les he arruinado las fiestas. No sé, ¿tan mala he sido?
