Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Lo voy a decir sin rodeos porque ya estoy cansada de fingir que lo llevo bien: odio el parque. LO ODIOOOOOOOOOO
Mi hijo aún es pequeño, tiene esa edad en la que no puedes soltarlo y sentarte a mirar el móvil o charlar con otros padres. Hay que estar con mil ojos todo el rato:
que no se tire por el tobogán de los mayores y se mate,
que no robe juguetes de otros y se los meta en su mochila como si nada,
que no pegue si otro niño le coge lo suyo,
que entienda el drama de los turnos en los columpios,
que no se vaya con desconocidos porque el otro día quería irse con una señora random…
Vamos que lo que para él es una hora de juego para mí es una hora de tensión.
Y lo hago, muchas veces me obligo a ir porque sé que le viene bien, que le gusta, que socializa. Pero me cuesta. Y luego vuelvo a casa agotada mentalmente y con cero ganas por ejemplo de hacer algo en pareja.
A veces me siento sola en esto porque muchas madres hablan del parque como si fuera su momento zen. Y yo lo único que quiero es que llegue la hora de cenar para tener una excusa y largarme.
¿Esto se pasa? ¿En algún momento se vuelve más fácil? ¿O sencillamente hay madres que no disfrutamos de esto y ya?
Porque si es así me encantaría dejar de sentirme culpable por odiarlo.
