Pues hace poco más de un año que soy madre. Una niña preciosa que nos vuelve loquitos de amor a mi marido y a mí Los primeros meses fueron un poquito complicados, con las tomas y las horas de sueño, pero ahora ya duerme casi toda la noche del tirón y no tenemos muchos problemas con la comida.
Yo he siempre he sido una persona con mucha vida social y mi marido, no tanto. Pero nos hemos ido adaptando el uno al otro y hemos llegado a un punto medio en el que ambos nos encontramos muy a gusto. Con la llegada del bebé, los eventos sociales quedaron un poco en stand by, ya que íbamos bastante cansados. Pero ahora estamos retomando nuestros viejos hábitos, de una manera más tranquila, pero sin dejarlos perder. Hacemos cosas juntos, como familia, pero también por separado. Mi marido es un friki de los juegos de rol y alguna vez queda con sus colegas. Un poco menos que cuando era más joven, más que nada porque ahora trabaja de noche, haciendo guardias de doce horas. Y como estas reuniones suelen ser nocturnas, pues va muy de tanto en tanto, cuando no le coincide con el curro y no está muy cansado.
Y yo, alguna que otra vez quedo con las amigas a tomar café y chismear, con lo que no hay problema por llevar a mi nena.
El otro dia me propusieron ir a ver un musical (a mi marido no les gustan) y después ir a cenar, y la verdad es que me apetecía tanto que dije que sí. Hacía mucho que no iba al teatro y la obra que íbamos a ver me gusta mucho. Como a mi pareja le tocaba guardia, le dije a mi madre si le podía dejar a la niña durmiendo en su casa. Yo le daba de cenar, la acostaba y me iba. Me miró con cara un poco rara pero le pudo la emoción de tener a la niña por primera vez a dormir en su casa y no me puso pegas.
Mi hija no dio problema esa noche y todo fue bien. Al día siguiente tempranito llegué para recogerla, desayunamos juntos y nos fuimos a casa.
El fin de semana pasado, estaba tomando café en casa de mis padres con la niña. Mis padres me propusieron quedarme a cenar y, como mi marido tenía guardia esa noche, acepté. Serían poco más de las nueve de la noche cuando dos amigas me llamaron diciéndome que una de ellas había roto por enésima vez con su novio (que nos cae como el culo), y que me necesitaban para tomar un par de copas y rajar a gusto del tipo en cuestión. Le dije a mi madre si tenía inconveniente en quedarse un rato con la niña y ahí me tiró la caballería por encima.
Qué es eso de salir tanto. Ahora que tienes una hija, te tienes que quedar en casa y cuidar de ella. Estás casada y has formado una familia. No puedes estar de pingo cada dos por tres. ¿Y tu marido ya sabe que sales por ahí? ¿Qué opinará de que, mientras él esté trabajando, tú estés por ahí de fiesta?
Le pregunté si tanto esfuerzo era tener a su nieta durmiendo en casa. Pero esa no era la cuestión, el punto era yo, mi actitud. Que su nieta no le daba ningún trabajo, que me fuese si quería, pero que mi comportamiento no era correcto.
Al final, casi parecía que me estaba echando, mientras que decía que no había problema ninguno. Que el problema lo debía tener yo con mi conciencia.
Ahora estoy muy rallada porque no sé desde cuándo mi madre se ha vuelto tan machista y retrógrada. Y me duele que tenga una opinión tan mala de mí, aunque su actitud me parece totalmente desproporcionada.
Por otra parte, resulta que el mes que viene tengo una cena de empresa y esa noche mi marido vuelve a tener guardia. Él me dice que, para evitar enfrentarme con mi madre, que pillemos a una canguro, pero como se entere mi madre que hemos dejado a la niña con una canguro en lugar de con ella, eso sí que va a ser la Tercera Guerra Mundial.
Aún no sé qué voy a hacer.
