Conste decir que tengo un bebé de 5 meses con el que pretendo no repetir patrones y métodos que creo que está obsoletos, pero, aún así, creo que habría que darle una vuelta a estos nuevos modelos de crianza que están empezando a surgir porque, creo, que se nos está yendo de las manos. Me explico.
La mayoría de nosotros los “millenials” nos hemos criado con padres emocionalmente ausentes o incapaces de tener la más mínima inteligencia emocional. Era habitual escuchar en nuestras casas frases tipo: “porque lo digo yo y punto”, “cuando seas padre comerás huevos”, “no llores que pareces una nenaza” o “ven aquí que no te va a pasar nada (y procedía a pegarte la paliza de tu vida)”, entre otras lindezas. Entiendo la necesidad de mi generación de romper con aquellas barbaridades y criar de forma más consciente y respetuosa… ¡pero con algún que otro límite!
Es que yo quedo ahora con amigas mías, que tienen hijos más mayores, que son incapaces de decirle al niño o a la niña que no a algo. Se lo consienten absolutamente todo: móvil de ultima generación para el moco que no sabe ni para que sirven, aún, ni la mitad de los botones, si no les gusta lo que hay para comer pues lo que a ellos les apetece, ¡claro que sí! ¿para qué educar pudiendo darles todo lo que piden?
Y así nos plantamos, el otro día, unas cuantas de mis amigas y yo, tomando unas cervezas, en un parque. Sin exagerar, a los 10 minutos de estar sentadas, ya habían venido 3 de los niños a pedirles el móvil a sus madres. Como una de ellas se había negado, su hijo se tiró al suelo y empezó a montar el espectáculo y, para que se callara, se lo dio. Otro vino al rato a pedirle a su madre dinero para chuches, era tarde y su madre le dijo que no, que pronto irían a casa a cenar, bueno, pues el crío la INSULTÓ, la llamó amargada, y le dijo que si no le daba el dinero se iría mesa por mesa mendigándolo y, al final, su madre cedió, sin absolutamente ningún tipo de disgusto o reproche en su cara, le dio el dinero y el niño tan pancho.
Sinceramente, creo que se nos está pirando un poco. No sé si es cosa de mis amigas o es que la gente está educando a los hijos de esta manera. Yo, por mi parte, intentaré que el mío no me pierda el respeto de esa manera. Creo que se pueden poner límites y marcar distancias sin necesidad de agredir ni física ni verbalmente a los niños, acompañándolos en la frustración y soportando las rabietas que sé que mi hijo va a tener, de eso no nos libramos ninguna madre. Pero permitir que los niños tomen decisiones, hagan y deshagan a su antojo y exijan y que se les permita todo sólo traerá adultos incapaces de tolerar la frustración en un futuro.
Ojalá esto sea sólo cosa de mis amigas, que tienen esa forma de educar, y no sea algo generalizado, pero, he presenciado situaciones similares en otros círculos por los que me muevo y me da qué pensar. Creo que no hay que dejar que los niños nos pierdan el respeto, se pueden romper patrones de crianza antiguos sin caer en la trampa de permitírselo todo sin excepciones, por miedo a traumatizarlos como nos traumatizaron a nosotros, que la mayoría somos carne de psicólogo.
Que conste que no estoy a favor ni de las collejas, ni de los comentarios pasivo-agresivos, ni de las amenazas ni de los chantajes. Pero un “no”, a tiempo, y una rabieta bien gestionada, pueden marcar mucho la diferencia. Es mi parecer.
