Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Soy una mujer latina de casi de 50 años, con un matrimonio de 25 años, que llegó a su fin hace mucho. Soy profesional, pero me he dedicado a ama de casa y tuve que dejar mi trabajo hace mucho por diagnóstico de fibromialgia. Mis hijos ahora tienen 21 y casi 18 años, y no ven necesario ayudarme en las labores domésticas. Hacen deporte, ensucian dos veces al día ropa y no puedo salir a tomar café tranquila con alguna amiga, porque pronto tengo que llegar a prepararles la cena, ya que ellos no comen comida rápida por su deporte.
También les llevo y traigo, muchas veces, aunque no siempre. Les he pedido muchas veces que colaboren más y mi hijo me ha dicho, «pero si es su deber y aquí en casa tiene techo y comida». Eso me hace sentir como una «criada». Algunas amigas y familiares me han dicho que me ven triste e infeliz; y justo ahora se me presentó una oportunidad de irme a otro país a rehacer mi vida, pero la culpa no me deja, sobre todo porque mi hija (aunque este año cumple 18), aún es menor de edad y siento que se va a traumar si me voy. Tienen un gran padre y se que ellos estarán bien. Y aunque yo ya no aguanto y siento que me muero en vida, no sé qué hacer
