Mi marido y yo tenemos una pequeña pastelería.
La pastelería en realidad era de mi marido. Bueno… De su familia. La llevó el abuelo hasta que se jubiló antes de tiempo por parkinson. Entonces ofreció la pastelería a cualquiera de la familia que lo quisiera, pero nadie quiso y el local estuvo una década cerrado. Luego conocí a mi marido y decidimos coger el negocio. Lo reformamos entero y aunque le dejamos el nombre en honor a su abuelo, nuestra carta es completamente diferente.
A mí se me dan genial las tartas. Mi marido es más de galletas y administración.
Hace unas semanas acepté un encargo de una señora que no había venido nunca. Me dijo que si sabía hacer tres leches. Le dije que si (es una de las que más hago), y me dijo que si le podía hacer una tres leches de fresa. Le dije que por supuesto. Y como siempre hago, le pregunté para cuántos lo quería, que para cuando lo quería, si había algún alérgico o intolerante, si quería alguna decoración en concreto, etc…
Ya me miró raro cuando le pregunté esas cosas, pero bueno… Me contestó a todo. Entonces le pregunté específicamente que donde quería las fresas y como. Me dijo que por todo. Así que yo fuí apuntando y diciendo en voz alta: Leche de fresa, chantillí de fresa… Entonces la señora me corta y me dice: Si, si, todo eso. Y entonces se fue…
Se le entregó la tarta correctamente poco después y al día siguiente veo entrar a la señora toda enfadada, gritando que quería que le devolviera el dinero, porque no era lo que había pedido.
Como la tarta la había entregado mi marido y hay que reconocer que a veces se ha despistado, comprobé que le hubiera dado la tarta correcta y cuando vi que era así, le pregunté a la señora que estaba mal con su pedido.
Y me dice: Es que la tarta es de fresa.
No entendí a qué se refería, revisé las notas y vi que era de fresa, aunque me acordaba perfectamente. Así que le pedí con calma y por favor, que me explicara el problema porque no lo entendía. Y me preguntó que si yo era tonta. Que había pedido una tarta tres leches de fresa, y había recibido una tarta con fresas. Le enseñé las notas, ella me dijo que si, pero que no era lo que había pedido. Yo había hecho una tarta tres leches con bizcocho de fresa, leche de fresa, chantillí de fresa y decoración con fresas frescas. No lo entendía y ella solo decía que no era lo que había pedido. Dado que no nos íbamos a poner de acuerdo. Le dije que lo sentía y ella me pidió un reembolso.
Le dije que vale, pero le pedí la tarta de vuelta. Si el pedido estaba mal, no es normal que se lo quedase. Pero me dijo que se lo había comido y que por eso sabía que el pedido estaba mal. Le dije que no me importaba, que me trajera el resto de la tarta y listo. Y me dice que no, que se la comió toda. A lo que le dije que entonces no había reembolso.
Ella se fue indignada y llamándome de todo y ahí quedó la cosa.
Unos días después, vamos a comer a casa del abuelo de mi marido, y nada más llegar, su tía grita por detrás: Están arruinando la reputación familiar.
La tía dijo que había ido una muy buena amiga a pedirme un Tres leches de fresa y que yo no había sabido hacerlo, que me había equivocado con el pedido, que había tenido muy poca educación, que menuda manera de tratar a los clientes, etc….
Además empezó a decir que que narices era eso de preguntar por alergias, o por el tipo de decoración. Que eso era poco profesional por lo visto. Entonces la mujer le exigió al abuelo que le dieran a ella el negocio, porque yo estaba claro que no valía, y que estaba arruinando el legado familiar (como si la mujer esa tuviera acciones de mi pastelería o algo) y que alguien con cabeza debía llevarlo, no yo. (Aunque quien lo lleva es mi marido)
Mi marido habló con él abuelo por si acaso, aunque el hombre no estaba lo más mínimo preocupado y además la pastelería y el local, están a nuestros nombres desde hace 15 años. Aunque legalmente sean nuestros, nos preocupaba que el abuelo se arrepintiera o algo. Pero no…
Mi marido dice que como nos va tan bien, ahora que ve que hacemos dinero y que contratamos personal, quiere aprovecharse de ello. También me dijo que estaba seguro de qué era envidia de qué yo sea mejor repostera que ella. Ya que nunca fue capaz de hornear un pastel.
Bueno, pues la cosa es que desde entonces, nos llegan clientes que nunca hemos conocido haciendo peticiones raras que a menudo dan problemas y cada vez tenemos más reseñas malas en Internet de gente que no conocemos o que ni pasaron por el local.
Creemos que la tía intenta que nos vaya mal, pero no tenemos pruebas de que sea ella, aunque tampoco dudas.
Mi marido ya le llamó la atención. Pero la mujer sigue en sus trece.
