Una vez viví algo parecido… Había un grupo de chicos que no eran de mi pueblo y se les veía dispuestos a hacerse notar entre todas las chicas en la discoteca. La mayoría se presentaron a mis amigas las guapas (yo no soy fea, pero soy gorda) y a mí ni hola, pero uno de ellos que llegó después fue directamente a por mí. Toda la noche insistiendo intermitentemente, y digo intermitentemente porque cada vez que venía a darme conversación o decirme que le gustaba sus amigos acudían a «socorrerlo» porque «qué hacía ligándose a la gorda, que parase de beber porque tenía el listón por el suelo, que al día siguiente cuando se acordase se iba a querer morir» y demás comentarios que tanto yo como mis amigas oímos perfectamente, aparte de las risas y el cachondeo hacia mi físico.
Ha sido una de las veces que más humillada me he sentido, y también enfadada con mis amigas, que hicieron oídos sordos y siguieron hablando con los guapitos del grupo.
La siguiente vez que se acercó mandé al chico a la mierda, a sus amigos, me despedí de mis amigas muy enfadada y me fui.
A pesar de darnos los teléfonos evidentemente nunca le escribí ni él a mí. Nunca sabré si de verdad le gustaba, si era el alcohol, si la opinión de sus amigos le pudo…
El caso es que aparte de desahogarme como he hecho lo que quiero decir es que al menos de momento dices que sigue siendo majo contigo, espera un poco a ver cómo se comporta contigo y si tiene la personalidad suficiente para que le resbale lo que digan sus amigos. Si es así, adelante, pero por favor, tampoco pases de lo que digan y ponlos en su sitio si es necesario. No te calles como yo hice de primeras ante los machirulos. Los acabé mandando a la mierda pero lo debería haber hecho desde el minuto uno.