Hola, hola.
Necesito desahogarme porque estoy viviendo una situación que jamás pensé que viviría a mis veintitantos. Y, sinceramente, necesito consejo porque no sé cómo llevarlo. Hace unos meses conocí a un chico por casualidad en Instagram. Guapo, no salía de fiesta, no bebía, no fumaba, un chico de deporte. Muy mi rollo. Lo seguí, me siguió de vuelta y me escribió al momento. Empezamos a hablar y conectamos enseguida. No era la típica conversación de “hola, qué tal”, no. Teníamos muchísimas cosas en común. Encima, él solo tenía dos años más que yo. ¿La parte mala? Éramos de diferentes provincias.
Pero bueno, pensé: hoy en día nada está tan lejos, ¿no? Al día siguiente me propuso llamarme por Instagram y acepté sin pensarlo. Y madre mía, para qué aceptaría. VAYA VOZ. Vaya forma de hablar. Vaya todo. Me encantó. Y al parecer fue recíproco. Desde ese día empezamos a hablar todos los días. Primero llamadas de vez en cuando, luego todos los días un ratito, después horas… y cuando nos quisimos dar cuenta, nos pasábamos hasta doce horas y más en llamada. Era salir de trabajar y me llamaba él o le llamaba yo. Incluso algunas noches dormíamos con la llamada puesta. Jugábamos a juegos, nos leíamos, etc. Hacíamos de TODO lo que pudiera hacer una pareja como tal a distancia. No hicimos videollamada, y sé que aquí alguien dirá “¿y eso?”, pues que simplemente no surgió. Nos veíamos por fotos o vídeos enseñando lo que hacíamos en ese momento o lo que fuera por WhatsApp, y por historias de Instagram… así estuvimos estos meses. Nos decíamos “te quiero” (Él fue el primero en decirlo), “te amo”, “mi vida”, “cariño”. Me sentía una niña de 15 años ilusionada.
Cuando lo oía feliz, yo también lo era. Su risa para mi era vitamina. Y sí, sé cómo suena todo, pero en ese momento me parecía muy real. La pregunta lógica ahora sería: si todo era tan intenso, ¿por qué tardasteis tanto en veros? Pues porque siempre surgía algo. Trabajo, familia, líos varios… No hay excusa, lo sé, pero también es verdad que tuvimos bastante mala suerte para cuadrarlo. Y como estábamos bien, no nos importaba esperar al momento adecuado. Error. Lo sé. Porque mientras tanto empezamos a fantasear demasiado con un futuro juntos. Tanto, que el mes pasado me aceptaron en unos estudios en la capital que había solicitado y ya estaba mirando cómo irme allí con él mientras cursaba el curso. Dejando mi casa, mis padres, mi vida… Y él encantado con la idea de empezar esa vida conmigo. (Hasta me había sugerido irnos a un piso juntos) Nos llevábamos genial, nunca nos peleamos.
Alguna vez discutimos por las ganas que teníamos de vernos, hasta en dos ocasiones me dejo de hablar y me bloqueo por este tema, porque se emperraba en que fuera a verlo y yo no podía por trabajo justamente, aunque le duraba poco porque al día siguiente volvía a escribirme porque me echaba de menos, hablábamos, arreglábamos las cosas, y volvíamos a organizarnos un posible día para cuadrar el vernos por fin. Todo era tan bonito que en algún momento pensé: “Madre mía, la hostia va a ser grande”. Pero jamás imaginé lo que iba a pasar. Este fin de semana por fin surgió la oportunidad. Me fui a su provincia con unas amigas y, mientras ellas salían por la noche, yo me escapé a ver al chico. Y al principio todo bien. O eso creía. Lo vi nervioso, como yo. Notaba que mantenía cierta distancia, pero también se acercaba mucho al caminar, me tocaba los anillos como excusa para acariciarme las manos… No sé, me parecía super mono.
Fuimos a tomar un café porque de los nervios ninguno quería cenar y después me llevó a su casa. Esto ya lo habíamos hablado: yo me quedaba a dormir con él todo el finde. Pero la cosa empezó de una forma que no me esperaba. Al aparcar en el parking de su casa, se lanzó a besarme de una forma que no vi venir. Le devolví el beso indecisa, porque no era que no me apeteciera, es que igual soy tonta y esperaba algo más romántico. Era nuestro primer beso, ¿sabéis? Estuvimos un rato liándonos en el coche y, cuando vi que la cosa se animaba demasiado rápido, le dije de subir a su casa para poder salir de allí y no correr tanto. Pero al llegar a su casa, otra vez. Se me volvió a lanzar. Yo le hice un poco la cobra entre risas, con el rollo de poner una peli, ponerme el pijama, estar tranquilos… No sé, quería pasar rato con él. Ya sé que habíamos hablado muchísimo durante meses, pero me apetecía algo más normal. Un room tour por su casa, una charla, mirarnos sin prisa. No ir tan a saco. ¿Me explico?
Nos pusimos el pijama, no sacó apenas tema de conversación, puso una peli en su habitación y, en cuanto estábamos en la cama, se lanzó por tercera vez… Y esta vez, entre que besaba genial, que lo tenía encima de mí y que yo también le tenía muchas ganas, aunque esperaba un momento más Disney, le seguí el beso y nos acostamos. Lo hicimos toda la noche de múltiples maneras, imaginaos. Pero había algo raro. Parábamos y él se quedaba dormido de lado, sin abrazarme, sin darme un beso, sin ese cariño que yo esperaba. Solo movía la mano para comprobar que estaba detrás de él. O en algún momento puntual, apoyaba la cabeza en la mía… pero nada muy tierno. Y al rato se despertaba y me volvía a buscar para hacerlo de nuevo. Yo no pegué ojo, entre el café de cena y la cabeza dando vueltas de tanta faena. Lo sentía con muchísima necesidad física de mí, pero no veía el cariño ni el amor que decía sentir durante esos meses. No había ni rastro de lo cariñoso que había sido conmigo. Además, el sexo fue bastante duro, entre otras cosas, me agarraba del cuello, me inmovilizaba los brazos, azotes… Ojo, no me quejo de eso en sí, fue una experiencia nueva porque tan exagerado no lo había hecho nunca, pero no era lo que esperaba para la primera vez después de todo lo que habíamos construido. Me lo imaginaba más bonito, más íntimo, más nuestro. Llamarme rara. A la mañana siguiente, me desperté feliz de estar allí con él. Pero no hubo beso de buenos días. Lo hicimos otra vez, se duchó y salió a por el desayuno mientras yo me duchaba.
Después de desayunar me enseñó algunos videojuegos, libros y discos que tenía por casa. Entonces me dijo que, después de comer, si me parecía bien, me dejaba en la estación del centro para que volviera con mis amigas porque le había surgido algo por la tarde relacionado con el negocio familiar en una zona en las afueras de la ciudad bastante perdida. Me quedé un poco en shock. Pensé: “¿Después de tres meses hablando y para dos días que vengo a verte, te vas?”. Pero como era un tema familiar y sabía que tenía una relación muy traumática y complicada con ellos, no dije nada. Comimos bien. Me hizo alguna tontería, me cogió de la mano, pero seguía sin verlo cercano del todo.
Yo intentaba acercarme, dándole algún beso en la mejilla o en el hombro y él simplemente me respondía con un: “Bonita”. Sin más. Antes de irnos de su casa, se acercó y me dio una funda de móvil personalizada con una foto suya, su nombre y un corazón para mí. Y otra para él con una foto mía igual para su móvil. Monísimo, ¿verdad? Esperaos. Después de comer me llevó a la estación. Me dejó allí con una sonrisa, un beso tierno en los labios y la promesa de que luego hablábamos y nos veíamos para cenar aunque fuera si no surgía de nuevo dormir juntos.
Esto eran las 16:00h de la tarde. Volví con mis amigas y pasé la tarde con ellas, obligándome a olvidar por un momento lo raro que me parecía todo. Se hicieron las 19:00h y no sabía nada de él. Ni un mensaje, ni una llamada. Me extrañó muchísimo porque en todos esos meses, como mucho, había tardado dos horas en mandarme algún tipo de mensaje. Ni un «¿Has llegado bien?», nada. A las 19:30 le escribí preocupada preguntando si estaba bien. Los mensajes no le llegaban. Lo llamé y me saltaba que la línea estaba fuera de cobertura. A las 20:30 lo intenté otra vez. Igual. A las 21:00 vi que los mensajes le llegaban, pero no respondió. Le volví a escribir. Nada. Se hicieron las doce de la noche y yo seguía sin saber nada de él. Aún vestida, inocente, por si venía a por mi, bajé a la calle del hostal donde estaba con mis amigas y volví a llamarlo y a escribirle. Otra vez, los mensajes no llegaban y las llamadas tampoco.
Entonces, muy nerviosa y preocupada de verdad, escribí por Instagram a su primo, con el que comparte piso y sabía que me conocía de oídas por él así que le escribí algo como que era tal y no sabía nada del chico. No esperaba que el primo me respondiera, pero sí que le dijera algo a él. Y, efectivamente, no me respondió, pero a los pocos minutos de escribirle a su primo, a él le llegaron todos mis mensajes y la llamada empezó a dar tono. Pero no me lo cogió. Eso sí, a las dos de la mañana subió una historia a Instagram de una foto de él en el espejo que me había mandado a mí hacía unas semanas. Y encima se puso a mirar las que yo había subido esa tarde con mis amigas. Y seguía sin responderme. Flipante, ¿verdad? Qué cara más dura, pensé. Y lloré. Vaya que si lloré esa noche. Y la siguiente. Y probablemente la de hoy también. Han pasado 48 horas desde que me dejó en la estación.
Él sabía que yo volvía a mi casa al día siguiente. Y sigo sin saber nada. Ni un mensaje de justificación ni una llamada. Nada. Eso sí, esta noche pasada, ha subido otra foto de las que me había dado a mi sin camiseta a Instagram. Encima con algo que yo le había regalado. No he podido evitarlo y le he respondido la historia con un agradecimiento irónico por ser sincero y aclarar las cosas tan bien conmigo y ahí es cuando lo he bloqueado. No quiero ver nada de él, es superior a mí. Tampoco le he vuelto a escribir, hasta he borrado del WhatsApp los mensajes de esa noche y el audio preocupada por él esperando en la calle. Me sentía patética. Ahora en mi provincia de nuevo, es que hasta mi propia casa me recuerda lo que ha pasado, porque era el lugar dónde más hablaba con él. No dejo de darle vueltas a la cabeza y me pregunto “¿Por qué?”. No sé qué he hecho mal. No sé si he sido yo, si ha sido él, si se ha agobiado, si todo era mentira, si simplemente consiguió lo que quería y desapareció. Pero claro, a ver, tu no estas tanto tiempo hablando con alguien 24/7 por un polvo de una noche, ¿no? Y si no le gusté físicamente o algo, no lo hubiéramos hecho tantas veces aquella noche y ni siquiera me hubiera invitado a su casa y la excusa la podría haber puesto antes, ¿no? ¿Y lo de la funda para el móvil? No entiendo nada.
Mínimamente, fuera el motivo que fuera, una explicación, ¿o pido mucho? De recuerdo de este bonito fin de semana tengo en el cuerpo hematomas de lo brutas que fueron nuestras relaciones y tengo también la puñetera funda de móvil que me regaló antes de dejarme en la estación mirándome desde mi mesita de noche. Para variar, esta mañana en mi trabajo, me he tenido que marchar al centro de salud porque me ha dado un ataque de ansiedad, cosa que jamás me había pasado. Y me han recomendado coger la baja porque cuando me viene el recuerdo de lo que ha pasado no puedo controlar las lágrimas, hiperventilo, me duele el pecho y siento cosquilleo en toda la cara. No sé cómo gestionarlo. ¿Qué creéis que ha pasado? ¿Qué me recomendáis hacer? Porque algo me dice que me buscará y más con mi cumpleaños cerca (Antes de lo de este fin de semana, teníamos planeado pasarlo juntos). Y, por favor, ¿algún consejo o técnica para sobrellevar esto y que no duela tanto?
Gracias. Os leo.
