Cuando pasamos por situaciones dramáticas no entendemos la razón por la que tenemos que vivirlas. Nos sentimos perdidas, incluso llegamos a sentirnos castigadas por un ser divino que viene a cobrarse lo malo que hayamos podido hacer en la vida. Yo misma cuando estaba en mi momento más agudo de ansiedad me levantaba y acostaba con la misma pregunta todos los días rondando mi cabeza… ¿Qué he hecho para merecer esto? ¿Tan mala persona soy que merezco pasar por esto? ¿Por qué tengo que vivir esta situación tan dura? Y si, yo sentí también que era un castigo divino. Cuando conecté con mi rabia interior y dejé a un lado el papel de víctima, cuando acepté que nadie vendría a rescatarme, sino que tenía que ser yo la que saliera de ahí, cuando empecé a centrarme en mí, en darme lo que necesitaba en buscar soluciones a mis problemas y dejar la queja a un lado fue cuando entendí que la pregunta no era ¿Por qué?, sino ¿Para qué había venido la ansiedad a mi vida? No, no era un castigo, era una señal que me estaba indicando que tenía que tratarme mucho mejor, tenía que dejar de dramatizar situaciones que no tenían tanta importancia, tenía que dejar de ser tan exigente conmigo misma, dejar de ser tan perfeccionista y obsesa del control.
Durante mucho tiempo quise volver a ser la misma de antes hasta que entendí que esa persona era la que me había llevado a vivir la peor pesadilla de mi vida.Cuando lo entendí no quise ser más esa persona, quise ser la mejor versión de mí misma y escuchar todo lo que la ansiedad había venido a decirme.Todo empezó a cambiar a mejor, siendo ese momento uno de los grandes puntos de inflexión en mi proceso de sanación emocional. Cuando realmente escuches y entiendas lo que la ansiedad ha venido a decirte y hagas los cambios necesarios en tu vida,la ansiedad se sentirá satisfecha y se retirará.
¿Cómo podemos hacer el cambio? Es frecuente que esperemos a estar motivados, con ganas suficiente o con la certeza de que ese cambio nos va a ayudar en nuestras vidas para empezar. Puede que te resulten familiares excusa como: “ya lo he intentado mucho y no he logrado nada”, “no sé por dónde empezar” “no sé que tengo que hacer” “puede que no funcione». Voy a confesarte que la única forma que encontré para liberarme de la ansiedad fue obligándome a hacer las cosas de un modo distinto y tomar acción, actuar haciendo lo que sabía que tenía que hacer, aunque no tuviera ganas, aunque tuviese la incertidumbre de no saber si funcionaría o qué iba a pasar después, aunque ya lo hubiera intentado y no lo hubiera logrado, aunque me pareciera que no iba a obtener resultados. Tienes que tomar las riendas de la situación y pasar a la acción y la motivación vendrá luego, solo si lo intentas te darás cuenta de que no era tan difícil como creías en un principio, que sí puedes con los retos, que hasta te vas a volver adicta a esa sensación que te queda cuando superas un reto, que los miedos están para superarlos y que se superan, que sí tienes el poder y la valentía de recuperar tu vida.
Así que ya sabes, la ansiedad ha venido a decirte que hay algo que no está funcionando, y es el momento de hacer las cosas de otra forma distinta.
Te propongo que hagas un ejercicio, que escuches a tu ansiedad y descubras cual es el cambio que necesitas hacer, hazlo y cuéntame los resultados.
¿Te atreves a escuchar que quiere decirte la ansiedad?
Marga Cabeza
Licenciada en Medicina
Especialista en gestión de miedos, ansiedad y fobias
Superviviente de ansiedad y agorafobia